domingo, 30 de junio de 2013

recapitulaciones tranquilizadoras en tono científico a mí mismo

Llevo toda la vida recibiendo acusaciones de ser una persona soberbia y arrogante.
Quizás alguien que lea esto haya vivido algo parecido. A continuación me gustaría hacerle una pequeña guía de como funciona, en mi opinión (luego explicaré porque es imprescindible protegerse de ciertas frases hechas obvias como esta) y como puedes comportarte según la posibilidad más acorde a como te gustaría posicionarte en estas cuestiones.

Omitiré, al menos por el dia de hoy, toda aquella posibilidad referida a lo directamente verbal, todo lo referido a lo que transcurre con cierta proximidad física. Esto incluye todo dialogo que se da en persona, conversación por videoconferencia o situación en la que la voz y sus inflexiones, los gestos, los tonos, los infinitos y variables contextos ambientales... hacen que o bien no haya nada que discutir, o bien que todo sea precisamente muchisimo más complicado de concretar hasta el punto de poder llegar a ese maldito punto relativista del "es tu opinión contra la mía". O del infravalorado e injustamente ridiculizado recurso infantil del: "soberbio yo? para soberbio...tú" (y digo esto porque, efectivamente, quizá no haya cosa más soberbia que calificar de soberbio al otro. Aunque esto ya es entrar en las fascinantes paradojas del lenguaje).

Vayamos pues a los intercambios por escrito. Esas conversaciones que se dan, sobre todo, via internet, ya sea en los chats de facebook o cualquier otra plataforma (sobre todo en los hilos de comentarios en publicaciones de los muros) como en servicios de mensajería como whatsapp o los mensajes de toda la vida.

Podemos empezar por la acusación en sí:
Eres un soberbio.
Eres un arrogante.
Eres un orgulloso.
Eres un pedante.

Cuidado porque estas frases en sí mismas ya son una trampa mortal. Para empezar tenemos que tomar la primera determinación, para la cual hay dos opciones:
1.No contestar
Sin duda esta es la más popular. Y creo que es la más popular por cierta fobia instalada entre la gente a los cruces de acusaciones. Estamos demasiado acostumbrados a ver como, socialmente, entre nuestros amigos o conocidos, siempre que hay una disputa la mayoría de la gente que lo presencia evita tajantemente posicionarse o escuchar siquiera los argumentos de cada uno y rebajan el nivel de los dos implicados al punto más bajo que haya llegado a alcanzar cualquiera de ellos. Por lo tanto más de uno pensará que lo más inteligente ante una de estas frases aplastantes en su contra, lo más inteligente de cara a como te juzgarán los demás, será permanecer impasible y no ponerse a la altura del que la lanza. Y puede que sí.
Sin embargo no es tan matemático y existen muchos matices. Desde el archiconocido "el que calla otorga" hasta cualquier tipo de interpretacion contraria que puedan hacer los demás sobre tu silencio. De igual modo supongo que esto tiene mucho que ver con la personalidad de cada uno.
Yo, por ejemplo, aunque a veces me posiciono en esta opción sin dudarlo, veo un añadido peligroso a esta postura y es que, entendiendo las discusiones como un medio, quizá incómodo pero efectivo para llevar a cabo la comunicación y poder empatizar mejor con la otra postura o por la simple aclaración de confusiones o malinterpretaciones... es posible que al tomar la determinación de no contestar estés negando la posibilidad de que esa comunicación llegue a buen puerto, dejándola en un punto crítico y siendo además, paradójicamente, más arrogante si cabe al dar por sentado que no te interesa y que nisiquiera consideras la opinión (puede que insultante, pero opinión al fin y al cabo) que el otro tiene de ti.
2. Contestar
Sin duda mucho más complejo. Yo confieso que normalmente no puedo evitarlo. Para empezar debes saber que si contestas, sea lo que sea, a la primera acusación de soberbia o de arrogancia la van a acompañar las del orgullo y la vanidad. Al menos te lo van a dejar caer. O lo van a pensar.
Y esta es una de las cosas más interesantes de esta trampa que supone que te acusen de algo tan supuestamente feo como la arrogancia o la soberbia, y es que si osas defenderte, se pone en marcha un mecanismo social inexplicable para mí, algo como aprehendido inconscientemente, que se ha ido repitiendo como mecanismo de ataque automático durante siglos, y que hará que quedes inevitablemente a los ojos de los demás como un orgulloso incapaz de aceptar tal deshonra. Si aún así crees que estás en tu derecho (y de echo lo estás) de argumentar por qué te parece injusto que te acusen de algo como eso, o de simplemente mostrar tu indignación al modo en qué lo hacen (casi siempre carentes de cualquier tipo de elegancia, de forma pública en la que todos puedan verte entre las cuerdas en esa encerrona tan zafia de la humillación social) tendrás otras cuantas opciones, que yo resumo en estas:
A) Dar la razón:
Aquí no olvides una cosa, si lo que quieres es ser irónico, no funcionará. La linea que separa el tono irónico del tono veraz no te pertenece a ti. Con esta fórmula se pueden dar muchísimos equívocos: - Que no seas irónico, les des la razón del modo más seco o conciso posible y ellos entiendan eso como una ironía inequívoca (y tengamos en cuenta que la ironía y el sarcasmo son dos rasgos fundamentales del cinismo, y que añadir cinismo a una acusación de soberbia o arrogancia es casi una confirmación por tu parte, pero no una confirmación humilde y simple como tú querías, sino una confirmación oculta, arrogante y soberbia, como quieren ellos para su regocijo); - Que seas pretendidamente irónico (y recordemos, todo depende del sentido de la ironía del receptor, no del tuyo, y más que de su sentido de la ironía, de sus prejuicios sobre ti o de sus estados de ánimo, por lo que las palabras que escribas serán pura dinamita a merced de como las quieran interpretar los demás, y sujetas también a las imprecisas y mezcladas connotaciones que da el contexto de lo que hayas podido decir antes); - que seas inequívocamente irónico (Para esto, por medio escrito, solo hay una forma, convertir la ironía en sarcasmo. Con ello puedes conseguir que te dejen en paz, pero desde luego alimentarás el ego del que te haya llamado arrogante o soberbio y harás que todo el que pueda acceder a la conversación, que quizá a priori tiene un buen concepto sobre ti, se lo pueda llegar a replantear. Está muy bien para aquel que, en un momento de lucidez, pase tres cojones de todo aquello que puedan pensar los demás sobre él. Pero si estás en un ataque de misantropía galopante, de odio a tus círculos o de liberación de las estúpidas presiones sociales... también te importará tres cojones ser un pedante, un arrogante o un soberbio. Es más, lo proclamarás con orgullo y hasta lo moverás al aire como una bandera. Solo puedo decir... bien por ti, ole tus cojones. Pero no olvides que esos geniales momentos de Deliriums tremens se acaban pasando, y la gente y sus conceptos sobre ti te volverán a importar por mucho que dicho así, joda aceptarlo y sea triste. Por eso gran parte de los genios de nuestro mundo han sido, inequivocamente, unos hijosdeputa soberbios y arrogantes de postín) (Postdata, si insistes en este punto asegúrate de ser un genio antes. Y si no eres un genio y aún así te mantienes aquí sin ceder jamás a lo que piensen de ti los demás... entonces o bien serás un genio de verdad o posiblemente un gran hijo de la gran puta, arrogante soberbio con la sensibilidad en el culo y sin empatía, en cuyo caso... bravo al que tuvo valor de decírtelo).
B) Llevar la contraria:
Si te ves con ánimo y con fuerza, esta es una buena opción para poner a prueba tanto tu capacidad de expresión y de instrospección, como tu retórica, tu honestidad y tu argumentación. Al argumentar uno tiene que enfrentarse a sus demonios por fuerza. Tiene que intentar empatizar con los motivos que llevan al otro a acusarle de algo como eso y tiene que hacerse preguntas a sí mismo y recapacitar sobre sus propias conductas. Obviamente en este apartado también cabría el subpunto de simplemente defenderse atacando, despotricando, pataleando... o simplemente argumentando en base a lo que uno piensa que puede dejarlo en buen lugar sin pararse a pensar ni un segundo en si todo eso se basa en algo real o es solo palabrería para salir del paso. Si omito esta opción o no profudizo más en ella es porque está claro que si se da ese caso, es que efectivamente estamos ante una persona cuya falta de honestidad o de conocimiento propio posiblemente hace de ella un soberbio o arrogante potencial.
No debemos olvidar que, como parte de la argumentacion que podemos dar a alguien que nos considera un idiota soberbio, se encuentra el echo de puntualizar que todos en algún momento de nuestra vida, por motivos muy humanos y hasta saludables, somos presas la ira, la soberbia y la arrogancia, a veces hasta involuntaria, y que posiblemente estas acusaciones suelen nacer de una mala interpretación del tono (que no suele estar muy definido en este tipo de escritos, y que suelen provenir del estado de ánimo del que nos lee). Sea como sea conviene tener presente que, siendo humanos y débiles como el que nos acusa, no es del todo justo que en un momento de debilidad se nos acuse públicamente de un modo tan rastrero de algo tan grave que además suele hacerse de un modo muy general (es decir, pocas veces nos dicen: "Julio, te has puesto un poco soberbio con ese comentario", sino que más bien nos dicen, a modo general y mucho más dañino: "Julio, eres un soberbio y un arrogante". Y eso significa que lo eres, lo has sido siempre y posiblemente lo serás, y cualquiera podrá reciclarlo de aquí en adelante y argumentar que no es el único que lo piensa).
C) Practicar el equilibrimo:
Esta es una opción... como lo diría, no lo sé. A mí me repugna por su significado. Implica una total deshonestidad en pos de la adaptación y la supervivencia. Como sentido... tenerlo lo tiene. Y soy consciente de que nuestra debilidad nos empujará a ella en más de una ocasión. La cuestión es que si quieres de algún modo sugerir cierta modestia sin terminar de resignarte a aceptar algo que no crees justo, puedes poner a prueba tus capacidades sobre la cuerda floja. Para esto es importante estar bien dotado de las expresiones populares imprescindibles para apaciguar cualquier ataque y refugiarte en la ambiguedad y en tu propia inseguridad. Expresiones como: "en mi opinión", "creo", "no lo sé, pero...", "quizá me equivoque", etc... serán de elevada importancia para abrir una vía a la asunción de estar equivocado, y poder ser absuelto al haber rectificado o luchado por demostrar tu inocencia en los términos quasi burocráticos formales, imprescindibles para eliminar de tu discurso cualquier expresión que, créeme, los demás estarán buscando entre tus palabras para poder usarla contra ti como arma arrojadiza.
(nota mental: si te rindes por completo a esta opción, de perdidos al río... también puedes irte a una de las expresiones que, páradojicamente, mejor funcionan, siendo de las más asquerosas, repugnantes y falsas que se pueden articular en un discurso: "honestamente", "modestamente", "humildemente". A los "auténticos" que te enfrentan les encantará).

Sin embargo no quiero obviar que el motivo principal por el que se vierten este tipo de acusaciones no es debido a un momento puntual de soberbia detectado en nuestra actitud, de un cierto desdén hacia la arrogancia, o de una malinterpretación... sino que las personas que nos dicen esto quieren, deliberadamente, humillarnos públicamente y hacernos daño. Posiblemente no de un modo generalizado, como hacen ellos llamandote Arrogante en vez de puntualizar que lo arrogante es tu comentario y no tú, sino puntual y fruto de la frustración o de la ira que hayas podido generar en ellos al decir algo que no les gusta, que les atañe por cualquier motivo o que hiere su sensibilidad. Los seres humanos, por mucho que nos cueste aceptarlo, tendemos a la comodidad y no hay mayor comodidad que el pensamiento único y la seguridad del grupo. Cualquier comportamiento de rebeldía ante un pensamiento o postura mayoritaria es en sí mismo un ataque indirecto a todos los que, por omisión, despiste o convicciones, no piensan lo mismo que tú.
Las posturas oficiales hacen que muchos seamos firmes candidatos a ser considerados constantemente arrogantes y soberbios sin ser ni unos genios, ni unos arrogantes, ni unos soberbios, ni unos hijosdeputa.

Entre las connotaciones del término soberbia, me gustaría recordar que ciertas corrientes filosóficas no la consideran del todo algo negativo. El orgullo es una de las tres virtudes principales de la filosofía objetivista que se define como estima apropiada de uno mismo que proviene de la ambición moral de vivir en plena consistencia con valores personales racionales. Para Nietzche, en el camino hacia la honestidad absoluta, que hace imposible cualquier trampa o acto deshonesto, y que conlleva una enorme valentía y ánimo de superación, es imprescindible la soberbia, a la que califica de "virtud elevada".
Por otro lado la arrogancia, según ciertas corrienes de la psicología, es producto de una autocompensación que ocurre en el ego por tener una imagen de uno mismo demasiado dañada. Al fin y al cabo a nadie le importan las causas de nada, pero la postura oficial siempre será hipócrita y dirá que a todos nos preocupa por igual el padecer y los problemas de la gente. Detrás de cada persona verdaderamente arrogante o soberbia se intuyen ciertos problemas personales sobre los que ninguno de los "auténticos" se atrevería a indagar. Son estos "auténticos" posiblemente los que, después de vanagloriarse en discursos sobre tolerancia y de poner en la parrilla toda su más sentida sensibilidad sobre estos problemas que sufre la gente, llamarían arrogante tanto al que padece, como al que simplemente comete la osadía de intentar quitarles la careta y dejar sus incoherencias al descubierto.

Es difícil fiarse de aquel que nunca está expuesto a estas tildaciones ya que la vida está llena de momentos en las que, por fuerza, uno debe, por ejemplo, caer en la soberbia,ya sea por relajación, exceso de confianza relativo a pensar que la gente entenderá el tono de tus palabras, exceso de inocencia relativo a pensar que ninguno de los tuyos o de los que conoces tendrá la mala leche de hacer leña de tus momentos de caída, o por simple inercia o error.
Acuérdate también que, según la versión oficial (y pregúntale si no a cualquiera de los "auténticos"), la filosofía del ensayo y error es la verdadera forma de aprender y evolucionar.

Coincidir con el pensamiento único y con las posturas oficiales y/o mayoritarias que caen bien a todos, es una suerte que no todos hemos corrido, y aún así hay quienes han sabido adaptarse. Sin embargo no podemos olvidar que la falsa humildad es sin duda una de las mayores demostraciones de orgullo y arrogancia que existen, el modo en que alguien renuncia a dejarse llevar por sus propias ideas e instintos solo por pertencer a algo y ser aceptado, a costa normalmente de acusar y diferenciarse de los que si han tenido el valor alguna vez de no mostrarse de acuerdo. Son muchas veces estos, los falsos humildes, los precursores del buen rollismo, la modestia, la sencillez y la candidez pacifista y fraternal, los más sucios arrogantes y peligrosos hijosdeputa sobre la faz de la tierra. Cuidado con ellos.

sábado, 13 de abril de 2013

un año más cerca de ser un verdadero problema

Tengo una luz de un flexo, creando ambiente, en un salón con cocina de cierto aire bohemio en el centro histórico de una ciudad del norte de Italia. Mi chica está en la cama, mañana trabaja y debe levantarse temprano.

Yo no tengo trabajo. Yo no creo en el trabajo, pero lo busco. Ay amigo, lo sé. La vida aprieta con sus normas y sus exigencias y a mí no se me ocurre nada más importante y más romántico que mantenerme en mis trece de llevarle la contraria. Vuelvo continuamente al pensamiento que me rescata y que me encierra al mismo tiempo en el circuito de ratones de mi existencia: Trabajar, en cualquier cosa que no sirva para conocerte a ti mismo, para evolucionar como persona, para darle un sentido más rico a tu vida y a la de los demás... es, tal como está el mundo desde hace muchos años, un acto de irresponsabilidad, debilidad de convicciones, servidumbre y derrota moral y física ante el mal que destruye al ser humano.
En una sociedad monetaria, donde el dinero es el epicentro y el Dios en nombre del cual nos matamos entre nosotros, nos robamos, nos engañamos, nos peleamos, nos defraudamos, nos suicidamos, nos deprimimos, nos incendiamos, nos destruimos, nos diluimos, nos anulamos... cualquier aportación al sistema, a un sistema estúpidamente simple y mortalmente eficaz, es una venta escandalosamente a la baja de aquello a lo que llamamos alma, identidad, ser, vida, patria, humanidad, sentido.
 En un mundo en el que existen tecnologías, recursos y conocimientos para obtener una energía limpia, infinita y para todos,
comida para todos
espacio para todos
techo para todos ...

todas las empresas que conoces, todos los lugares en donde puedes trabajar, sean públicos o privados, o trabajes para ti mismo como autónomo en busca de autofinanciarte para cumplir con tu funcion de consumidor del resto de servicios para el que trabajan los otros... están al servicio de la avaricia, la desigualdad, la destrucción y el sinsentido.
Trabajar es la primera derrota, la más importante de todas. Es el momento en que aceptamos nuestro papel en la partida. Da igual que te haya tocado ser clase media-baja o hijo de millonario. No tenemos alternativa. A partir de ahí intentaremos tallar nuestros principios y seguir cierta coherencia con ellos.

Yo tengo un ordenador portatil desde el que estoy escribiendo, pero no tengo trabajo. Tengo todo lo que tienen los que tienen trabajo, pero sin trabajar. Y no es porque me haya negado. Lo busco, me motivo, le pongo ganas, salgo por la mañana, me afeito (oh, si, y me visto lo más decentemente posible) y salgo a mendigar una oportunidad, 8 o 9 horas de esclavitud diaria en una actividad alienante que sirva para mantener girando la rueda del desconcierto y mantenga las cosas tal y como están, estarán y han estado siempre.
Es cierto que no siempre he estado parado. He trabajado, incluso he ganado algún dinero haciendo lo que me gusta hacer. Pero si ahora puedo seguir jugando, a pesar de no estar cumpliendo con lo que se espera de mí, es gracias a que, básicamente, otros, gente cercana, familia, pareja... trabajan por mí. Digo más: incluso la familia de mi pareja, a veces y en última instancia, trabaja para mantenerme a mí sobre este tablero.

 ¿sabeis lo que realmente me asusta de este mundo?

 Podría hacerme policía nacional, o local, da igual. Podría hacer una oposición, estudiar duro, ponerme en forma, y entrar en algún cuerpo de seguridad del estado. Eso me daría un oficio y un sueldo a fin de mes. A cambio, quizá, tendría que coger cada mañana mi casco, mi porra, mi arma y mis esposas, o incluso un escudo, un spray pimienta o una manguera, y plantarme frente a la gente que sale a la calle desesperada para disolverlos, para atemorizarlos.
Amigo, tú, que ahora me estás leyendo decir que no creo en el trabajo y reconocer sin pudor e incluso con algo de orgullo que para seguir viviendo en este mundo me sirvo, sin ningún complejo, del trabajo de los que me rodean... usted que estará pensando ya en calificarme de sanguijuela, de chupasangre, de vividor o de caradura... usted posiblemente preferiría que yo, en la próxima manifestación, le diera unas cuantas hostias sin justificación alguna, para mantener el orden de aquellos que le roban sus derechos en detrimento de los intereses de los poderosos. Preferiría que le pisara la cabeza con mis botas militares, que lo desahuciara de su casa a la fuerza, que me montara en un caza y lanzara un misil sobre un pueblito del oriente medio para que su petroleo le costase más barato, que le llamara para engañarlo sobre las ofertas de su compañía telefónica dia y noche, que lo incordiara por la calle parándolo para hablarle de una ONG con la que poder calmar su atormentada conciencia, que le prohibiera la entrada a la piscina privada, que le pusiera una multa por aparcar en la calle porque su alcalde ha pensado que estaría bien que esas calles que han construido con su dinero pudieran ser explotadas por una empresa privada, que le metiera mierda a sus alimentos para rebajar los costes y aumentar las ganancias de la empresa, que le vendiera un medicamento que ha creado el mismo que inventó la dolencia o enfermedad, que le mienta sobre dioses y contamine su moral y la de toda la sociedad para las mayores y más despiadadas empresas de la historia (si, las religiones), que construyera sus aparatos electrónicos a conciencia para que se estropeen en un maximo de dos años y tenga que volver a comprarlos, que enseñe a sus hijos a no pensar y a ser una buena oveja más, que me lleve miles de millones de euros a cambio de darle la alegría semanal de marcar un par de goles, de declalarlo a usted culpable o inocente a raíz de unas leyes que han dictado unos señores en base a aquello que les conviene, o que haga yo mismo esas leyes en base a lo que me conviene a mí...

Amigo, este es el verdadero drama, el verdadero problema.
Cualquiera de estas o de las innumerables otras posibilidades que me dejo atrás lo harían a usted, desconocido casual de este blog, o a usted, amigo, o a usted, familiar, padre, madre... mucho más feliz y más orgulloso de mi existencia y su relación o parentesco con ella. Porque en este mundo, parece que lo peor que nos puede pasar es que alguien cercano forme parte de ese pequeño grupo de gente que tiene claro lo contrario, y declara abiertamente que cualquier trabajo al que uno se someta, que no sea fruto de la vocación y del motor natural de la vida, es una esclavitud voluntaria para el mayor tirano de toda la historia de la humanidad:
la sociedad capitalista de nuestros dias.

Tengo también unos cascos por los que escucho la música de mi mp3. Suena Rosendo diciendo "veo veo, mamoneo...", tengo tabaco y adicciones puramente burguesas y estúpidas.

Y también tengo 27 años.
Los cumplo justamente hoy.
Pero no es esa la razón de que escriba de nuevo por aquí, despues de tanto tiempo.

Antes hice un amago de entrada en el que escribí no estoy en una etapa en la que se me antoje necesario utilizar este método de exhibicionismo sentimental y linguístico que es el blog, y que hoy quería hacer una excepción. La entrada anterior, podeis creedme, era un intento de hablar de todo lo contrario de lo que he hablado.
El 98% de mis palabras en este blog, en ese tiempo en el que acudir aquí era una preciosa rutina introspectiva, hablé siempre del otro lado de la moneda. De otro tipos de problemas. Este era un blog metafísico, en el que la política y la sociedad no estaban invitados.
Intenté hacer una entrada al estilo del blog, el que pensaba que era "mi estilo", pero no fui capaz de enlazar dos frases. Volví al bloqueo que me impide aparecer por aquí desde hace mucho tiempo. Y así he comprendido que... no escribo hoy porque sea mi cumpleaños.
Aprovecho que es mi cumpleaños, que hoy la sociedad me pide que celebre una existencia traidora, amoral y sin sentido, para deciros y decirme que aunque soy débil, aunque soy dependiente, aunque soy un pobre diablo que poco o nada puede hacer por salirse de este laberinto... jamás olvidaré la trampa.

Jamás olvidaré esta trampa.

Y acudiré a este cálido y esperanzador pensamiento antisistema cada vez que pueda. Escuchadme, leedme bien: Esto no es fácil, y mañana, la mañana de mi cumpleaños, volveré a salir en busca de trabajo y de autonomía económica, que es la más falsa de las autonomías. Pero quiero que sepais que será una medida temporal, un modo de apaciguaros, una estrategia... y que voy a intentar vivir de vosotros todo el tiempo que me sea posible para poder seguir haciendo lo que hago, nada más y nada menos que vivir y conocerme un poco a mí mismo, conoceros también a vosotros, tener suficiente vitalidad para interesarme por quien cojones sois, qué quereis, y en que modo puedo ayudaros. Seguiré utilizando toda aquella disciplina artística con la que, torpemente, alcance a servirme de alguna ayuda, a ser yo mismo una mano con la que sacar alguna que otra cosa del pozo sellado de mi identidad. Quién sabe si algun dia, paradójicamente, alguien decida pagarme por lo que hago, que es la triste linea que separa y define mi actividad como un oficio o como un tocamiento sistemático de cojones para dedicarme a mis pajas mentales renunciando a esa puta mierda patética a la que vosotros llamais realidad.

Os digo una cosa, si no haceis que me enorgullezca de vosotros, en todos estos sentidos, os prometo que haré lo posible para que tampoco vosotros esteis orgullosos de mí, nunca.
Os amenazo/
Os lo prometo.

jueves, 22 de noviembre de 2012

tres euros por la lógica


Cuando cruzo la calle, no me suelo detener ante los vagabundos. Quiero decir que... generalmente nisiquiera me percato de que existen. Están ahí, como un elemento más de este mundo en el que yo tengo un papel secundario en mi propia vida, y cumplo un papel de figurante insignificante supuestamente garantizado para el resto de la obra, mientras que ellos solo forman parte del atrezzo. Y sin hacerlo de forma consciente cumplo con ese papel, contento del reparto, y sigo con mi camino rezándole a esa falsa ilusión que me han dejado creerme de que el guionista de mis pasos soy yo mismo.

Esto ocurre la gran mayoría de veces, insisto. Pero a veces la cabeza me juega una mala pasada y me hace atravesar no solo un mundo amenazante, sino un túnel de sentimientos de culpa y presentimientos terroríficos en los que esa cálida falsa creencia de mis propias posibilidades se vienen abajo. Y entonces entiendo que la diferencia entre un bulto que hace de figurante y un hombre bajo unos cartones que hace el papel de arbusto no es tanta, y que los escalones entre un nivel y el otro son pocos para bajar y demasiados para subir.

Ocurre que llevo dos meses viviendo en Italia y aún no he encontrado trabajo. Me sustento gracias al sacrificio de un verano trabajando para una persona despreciable en un supermercado asqueroso, más ciertas ayudas familiares que confían en que mi nueva etapa en otro país sea un intento de subir escaleras, y no una caída de espaldas al abismo. Así que me levanto, imprimo unos cuantos curriculums, y me enfrento a un momento que históricamente ha conseguido destrozarme por dentro, buscar un empleo cualquiera en el que ocupar la mayor parte de mi tiempo alienándome por conseguir pagar unos gastos básicos de supervivencia independiente que a partir de entonces se basará, básicamente, en pasar mi tiempo haciendo algo que la mayoría de gente considera toda una suerte: un trabajo donde pudrirte por dentro para poder vivir renunciando a hacer cualquier cosa que verdaderamente te interese.
Visto con esta perspectiva, la vida se convierte en una trampa mortal. Pero no sabes como salir de ella. Tienes que pensar, inevitablemente, en que te hayas cursando un mal menor temporal para poder costearte experiencias con las que, algún dia, no necesites recurrir a cualquier empleo basura que no tenga nada que ver contigo y con ese efecto secundario de sentirte una prostituta barata y sin salida.

Tarda poco en ocurrir un fenómeno que conozco bien, pero que no termino de entender: Una fuerza superior, que no puedo controlar. Un miedo irrefrenable o incomprensible que me impide entrar en ningún sitio y dejar un maldito curriculum que posiblemente no servirá de nada. Cada vez que he salido a darles el históricamente más veces reciclado papel que existe, me ha costado una media de entre hora, hora y media... atreverme a entrar en algún negocio y brindarles en plata mi alma para que la empleen por el salario mínimo. Me empiezo a acordar del estribillo de una canción de los Rodríguez:
"estoy tratando de decirte que... me desespero de esperarte. Que no salgo a buscarte porque sé... que corro el riesgo de encontrarte".
¿tengo miedo a encontrar trabajo? Si, pero quiero encontrarlo, y de echo lo acabo buscando. ¿Tengo miedo a no encontrarlo? No, pero sí a lo que eso pueda llevarme en cuestiones económicas. Todo muy obvio. También tengo miedo a ser rechazado. Y miedo a las represalias que en algún momento me haré a mí mismo por hacer cosas que en el fondo no quiero hacer. Miedo a que la estabilidad económica me anule y me haga olvidar mis grandes sueños. Miedo a no tener fuerzas de escribir aunque cuando tengo todo el tiempo del mundo para hacerlo no lo aproveche. Miedo a que todo esto no sea más que una forma muy gráfica de darme de cuenta de que soy, simplemente, una persona miedosa y vaga a la que le puede la presión, la pérdida de confianza de una infancia y juventud en la que me creí un genio, aplastada por la decadencia física y mental que me trae la edad adulta. Una persona incapaz de vivir en consecuencia con lo que supuestamente le gusta y en lo que cree.


Llevo tres euros en el bolsillo para desayunar, pero cada nuevo vagabundo que me cruzo me parte el corazón. Veo realmente cerca y factible terminar así algún dia. Hay cierto vértigo en esa decadencia que me atrae como la mierda a las moscas.Y el vértigo, como ya sabeis, no es el miedo a caer, sino el miedo a la tentación de querer caer. Me da miedo creer que en terminar así podría encontrar alguna sensación de victoria, de compensación por no haber seguido buscando un trabajo miserable en el que no quiero estar. Les doy todo el dinero que llevo encima. Me convenzo de que no es una forma de evadir la realidad. Que no es una forma de limpiar mi conciencia. Soy tan culpable como el que más de todo lo que pasa es en este mundo, no renuncio a ello. Pero me intento convencer de que el mundo será un poco más agradable si simplemente actuamos con algo de lógica. Y la lógica me dicta que, teniendo mi casa a cinco minutos, con café y tostadas y mantequilla y naranjas para hacerme un zumo, es absurdo que esos pobres vagabundos sientan un dolor punzante en el estómago por el hambre y el frío matutino mientras yo me gasto todo en una cafetería en la que, con un poco de suerte, me atreveré a dejar el curriculum.
Pero está claro que lo que finalmente estoy haciendo es asegurarme de que alguien, algún día, mediante algún equilibrio universal, me devuelva esos tres euros si me veo en una situación semejante. Y de paso, de justificar por qué no dejé el curriculum en aquella cafetería. Un riesgo menos para hoy, una incertidumbre mayor para mañana.

Lo que más me asusta de mí es lo que yo llamo "mi absoluta falta de pragmatismo y adaptación en el mundo real". Supongo que todo eso oculta otras cosas más feas que quizá hoy no me estoy atreviendo a reconocer sobre mí, y que lo más cómodo al fin y al cabo es no adaptarse. Pero podeis creerme si os digo que de corazón, detesto los rituales sociales, sus órdenes, sus dictámenes y todo aquello por lo que al final uno termina metiéndose en un blog a escribir que no soporta la idea de tener que lidiar con buscar un trabajo en el siglo 21. Voy más allá, me parece que trabajar en algo en lo que no tienes una motivación real aparte de la de ganar dinero, en estos tiempos, no solo es prostitución, sino una absoluta inmoralidad. Para ganar dinero, no solo aceptas el lavado cerebral que constituye acatar las normas y labores repetitivas y alienantes del trabajo de turno, sino que olvidas por completo que, en un mundo donde la sobreexplotación es el lema, nada de lo que haces va a dirigido a hacer nada bueno por el ser humano, sino solo por enriquecer a los que te esclavizan. Con los niveles de alimentos y bienes básicos que se fabrican, podríamos subsistir todos durante muchos años. Sin embargo la comida se sigue tirando y la gente muriendo de hambre. Trabajar para ganar dinero es, sin duda, la peor de las prostituciones. Y los que accedemos a ello, o pretendemos hacerlo... la peor de las putas.

Mientras haya gente en la más absoluta miseria, ningún otro ser humano tendrá nunca el derecho legítimo de vivir de puta madre, ya sea el más listo, guapo, trabajador, y adaptado ejemplar que se recuerde Ningún ser humano, ni el más vago e inoperante de ellos... merece vivir en la miseria en este mundo del derroche.
Si esa simple frase es una obviedad para vosotros, entonces estamos más jodidos de lo que pensaba y vivimos en el más puro cinismo hipócrita al que pueda aspirar la raza humana.

Sin embargo están aquellos que, trabajando muy duro, por lazos familiares o sentimentales... no te dejan acabar viviendo entre cartones. Invierten gran parte de su dinero y su esfuerzo en facilitarte las cosas, en compensar la falta de liquidez que conlleva tu intento suicida de buscar una alternativa, si tienes la maldita mala suerte de haber nacido con, por ejemplo, una vocación artística (sin que eso garantice que tengas talento, y sin que el talento, en caso de que lo hubiera o existiera, sirva de garantía para llegar a algo, puesto que al mundo le importa una mierda todo aquello que no genere "ganancia", que para quien no lo entienda, significa: ingresos exclusivamente económicos. Y que a su vez es una ciencia ambigua ya que supuestamente lo que la gente quiere consumir es lo mejor, pero al final lo que se consume es lo ligero, que normalmente es mierda, y entonces cuando alguien de repente hace algo bueno la gente lo compra, pero el paradigma no cambia jamás y hacer algo "ligero" se convierte en otro tipo de arte en el que queda excluida cualquier relación pura de arte y entra en juego todo lo que rodea a la palabra "estrategia" sea del ámbito que sea). Nuestra relación de dependencia hacia ellos (nuestros padres, mayormente...) y la culpa que eso genera, debe parecerse mucho a la que vi en el rostro del vagabundo que, sorprendido por mis tres euros, pareció ruborizarse un poco por haber elegido ser libre, y tener que ponerse de rodillas en el suelo, pidiéndonos piedad y auxilio por fracasar en el intento.

A la hora de la verdad, apostar por hacer las cosas a tú manera es algo que NADIE alabará si no consigues el éxito. Si pierdes todo se irá a la mierda. Nadie se parará, al verte tirando entre cartones, para decirte: "joder, siento que no lo consiguieras...  pero hiciste lo que tenía que hacer, bravo"
Luego, si ganamos, siempre habrá un discurso en el que alguien nos diga exactamente lo mismo. Pero solo ocurrirá si ganas. En este mundo no hay lugar para los perdedores. Y cuando uno tiene tan debilitado el concepto de "ganador" las cosas se vuelven muy mimbreñas, y muy peligrosas.

Lo pienso y lo repienso y os juro que no miento si digo que... no se cual de las opciones del dilema existencial me hace sentir peor.

lunes, 20 de agosto de 2012

El océnao es un enorme perro azul



"  - ¿Realmente esperas que mucha gente te pregunte por tu sexualidad?

[...] Di lo que quieras. Di que el lesbianismo es una especie de respuesta a la alteridad. Di que el único sentido que tiene el amor es intentar meter los dedos por los agujeros de la máscara del amante. Llegar a agarrar de alguna manera esa máscara. Y que más da cómo lo consigas...

 [...] Por ejemplo, si la gente te pregunta, puedes explicarles esto. Te enamoras de un hombre que insiste en que solo puede quererte cuando estás de pie en el centro exacto de la habitación.

 [...] Te voy a contar otra historia -dice Julie- Otra historia para que la tengas preparada, para cuando no te dejen en paz. Ya verás cómo se la tragan [...] Cuéntales que tenías ocho años. Tu hermano tenía cinco y no sabía hablar. Diles que tu madre tenía una cara agotada e inexpresiva. Que había ido volviéndose cada vez más fea, primero por culpa de los hombres y luego por ella misma. Que su cara permanecía inexpresiva, enamorada de un hombre silencioso e impávido que os dejó tirados tocando un trozo de madera al lado de una carretera. Diles que tu madre os abandonó en un campo de hierba seca. Diles que el campo, el cielo y la carretera... tenían el color de una colada sucia. Diles que te pasaste todo el dia tocando aquel poste, que allí estaban tu mano y la mano blanca de un niño tarado. Que esperabas que regresara porque hasta entonces lo había hecho siempre...

 [...] Diles que había una vaca -Julie traga saliva-. Estaba en el campo, junto al sitio donde tú estabas tocando la cerca. Diles que la vaca estuvo allí todo el dia, masticando alqo que se había tragado hace mucho rato y mirándote. Diles que la cara de la vaca no tenía ninguna expresión. Que se pasó el día entero allí, mirandóos con una cara enorme que carecía por completo de expresión. -Julie suspira-. Que casi te entraron ganas de gritar. El viento sonaba como alguien gritando. Y tu allí de pie, tocando la madera todo el dia con una criatura que era la encarnación del silencio. Que podía, ya sabes, quedarse ahí indefinidamente, esperando al único coche que conocía y sin sentir la necesidad de comprender nada. Y una vaca te estaba mirando, ahí delante, igual que podría estar mirando cualquier otra cosa.

 [...] Diles que todavía hoy no puedes soportar a los animales, porque las caras de los animales no tienen ninguna expresión. Ni siquiera un asomo de expresión. diles que alguna vez miren la cara de un animal, que la miren de verdad...

[...] Y luego diles que miren de cerca las caras de los hombres. Diles que se detengan un instante y miren la cara de un hombre. La cara de un hombre está totalmente vacía. Mírala de cerca. diles que miren ellos también. No lo que hacen las caras, porque las caras de los hombres nunca dejan de moverse como antenas. Pero lo único que hacen sus caras es moverse e ir adoptando diferentes configuraciones del vacío.

 [...] Diles que en las máscaras de los hombres no hay agujeros para meter los dedos. Diles que es imposible querer algo que no se puede coger con los dedos.

 [...] Por eso te quiero a ti, si es que te quiero. Es por tu cara cuando adopta una expresión. Intenta mirarte desde fuera, siempre desde una perspectiva distinta. Dile a la gente que sabes que tu cara pierde su belleza cuando está en reposo.

[...] Una vez me preguntaste cómo entendía los poemas. Y también me preguntaste si nosotras, si lo nuestro dependía de un concurso para existir. ¿eh, cariño? ¿te acuerdas? ¿te acuerdas del mar? ¿de nuestro mar al amanecer, de como nos gustaba? Nos gustaba porque era como nosotras, Faye. Aquel océano era obvio. Todo el tiempo estábamos buscando algo obvio. El mar solo es el mar cuando se mueve. Las olas son lo que distingue al mar de un charco muy grande. El mar no es nada más que sus olas. Y todas las olas del mar terminan chocando con lo que ellas mismas empujan y rompiendo. Todo lo que estábamos mirando durante todo el tiempo que estuviste haciendo preguntas era obvio. Era obvio y era un poema porque éramos nosotras. Mira esa clase de cosas, Faye. Tu propia cara cuando adopta una expresión. Una ola que rompe sobre una roca y pierde su forma en un gesto que expresa esa forma. ¿Lo ves? "

 ... extraído del relato "Animalitos Inexpresivos", perteneciente al libro de relatos "La niña del Pelo raro" de David Foster Wallace 

martes, 17 de abril de 2012

sangre caliente tambien riega el cerebro

" La esperanza tan dulce
tan pulida, tan triste
la promesa tan leve...
no me sirve.


no me sirve tan mansa,
la esperanza.


La rabia tan sumisa
tan débil, tan humilde
el furor tan prudente
no me sirve


no me sirve tan sabia
tanta rabia.


el grito tan exacto
si el tiempo lo permite
alarido tan pulcro
no me sirve


no me sirve tan bueno
tanto trueno.


El coraje tan dócil
la bravura tan chirle
la intrepidez tan lenta
no me sirve.

no me sirve tan fría
la osadía.

Si me sirve la vida
que es vida hasta morirse
el corazón alerta,
sí me sirve.

me sirve cuando avanza
la confianza.

Me sirve tu mirada
que es generosa y firme
y tu silencio franco
sí me sirve


me sirve la medida
de tu vida.


me sirve tu futuro
que es presente libre
y tu lucha de siempre
si me sirve.

me sirve tu batalla,
sin medalla.

me sirve la modestia
de tu orgullo posible
y tu mano segura
sí me sirve.

me sirve tu sendero,
compañero"

"Me sirve y no me sirve" de Mario Benedetti
Hoy me he levantado un poco cursi. Pero es que realmente la antología poética de Benedetti me está dejando maravillado. Por puro sentido estético, jamás pensé que acabaría diciendo esto, pero dicen que rectificar nunca está del todo mal. Qué pensaría mi yo de 17 años, fan de Bukowski, al tener una vision del futuro en la que me viera en semejante sequía intelectual, apatía vital y disfrutando de los poetas gentiles y sabios sudamericanos en lugar de tirarme a la bebida y a la droga.

viernes, 30 de marzo de 2012

29m, Huelga general, misantropía condescendiente



Queremos servir y no ser siervos. Ese es el problema de las revoluciones. Servir. Qué horrible palabra para el ser humano. Las cosas se usan, funcionan y cumplen funciones, sirven y facilitan o encajan y posibilitan y habilitan y dan soluciones. Cosas pensadas, enseñadas, diseñadas, programadas para...

No sé si el ser humano merece algo mejor. Pero no se trata de hacer méritos, yo no quiero servir. No quiero ser útil, no quiero cumplir una función. No quiero ser valorador por, o usado para, o bueno en. No quiero ser eficiente. La eficiencia no estará invitada al cumpleaños de mis palabras y mis conceptos.

Me gusta que mi pasividad moleste. Que mi inercia a la procastinación deslegitimice la importancia de las cosas. Que mi inoperancia sea una blasfemia del sistema. Que no hablen bien de mí los ratones de giro en rueda y circuito.

Mi apatía defiende mi existencia. Es un precio alto que no siempre me gusta pagar.
Quisiera poder ser algo para mí y nada para la nada. Para la nada, que es todo, que sois todos.
Y que algún dia nadie fuera nada para nadie y todos pudiéramos ser algo. Pero lo cierto es que hoy hay huelga general, las masas se juntan un rato, alivian sus culpas, gritan consignas abstractas, insultando a la obviedad con más obviedad, que es como si cogieras una verdad muy bella y la aumentaras hasta el píxel. Caminan juntos, muy pegados, hacia el final del recorrido pactado y legal al que les han permitido llegar.

Seguiremos siendo útiles, seguiremos sirviendo.

Cuando me muera
yo seguiré siendo nada
pero podré improvisar con vosotros el resto del camino
por fin juntos

jueves, 1 de marzo de 2012

No me cojáis del brazo, hijosdeputa

Yo he pasado mucho tiempo de mi vida pensando en la muerte.
No exactamente en ella, sino en el momento previo. Supongo que como todos. Tenemos un máster en hacernos a la idea de que el gran momento llegará, y aspiraciones comunes que se resumen en encontrarle el lado positivo al asunto. Asumir la muerte con tranquilidad y sosiego. Con entereza. Con dignidad y valentía. Sabiendo que lo que venga no importa, porque estamos preparados.

Es cierto que yo aún soy muy joven y que (presuntamente) tengo tiempo de cambiar esta visión que quiero compartir con nadie aquí hoy, pero creo que tengo claro que en mi caso, no habrá consuelo posible. Y tengo un argumento muy sencillo: mi madre.

Los ensayos de la muerte a los que nos sometemos cada año, esas gripes que nos tumban durante dias, las enfermedades pasajeras o duraderas, los momentos de debilidad... todos ellos me llevan irremediablemente a mi madre. Y es curioso porque nunca estuvimos especialmente unidos. Nuestra relación siempre fue un poco... problemática. Pero cuando estoy en la cama con fiebre, y mi temperatura corporal se declara anárquica, una profunda nostalgia hacia mi madre me embarga. Una nostalgia de algún lazo de unión que no estoy seguro de si llegó a existir, pero del que si estoy seguro que llegué a experimentar cuando fui niño.

Mi abuela, en su lecho de muerte, cuando apenas podía distinguir a los familiares que la contemplábamos agonizar, entre discursos dementes e inentiligibles soltaba a veces la gran frase: "mamá", "mi mamá"...

Qué coño significará eso. No habrá consuelo posible. Cuando las cosas se tuerzan, siempre pediremos auxilio materno. Quizá lo que signifique es que Dios es una mujer, un poco puta.

No tiene nada que ver, pero me apetece transcribiros un poema que acabo de leer de Pessoa. Es el típico poeta del que has oído hablar y que sabes que debe ser bueno. Pero me acabo de leer su libro de un vistazo, pasandolo por alto porque tanta rima y tanto cliché en voz alta me ha puesto un poco de los nervios. Pero esto que os dejo a continuación si que me ha gustado. Menos mal:

"Lisbon Revisited" de Fernando Pessoa:

No: no quiero nada.
Ya he dicho que no quiero nada.


¡No me vengáis con estéticas!
¡No me habléis de moral!
¡Llevaos de aquí la metafísica!
¡No me pregonéis sistemas completos,
no me pongáis en fila conquistas de las ciencias,
de las artes, de la civilización moderna!

¿En qué he ofendido a todos los dioses?

Si tenéis la verdad, guardáosla.

Soy un técnico, 
pero solo tengo técnica dentro de la técnica.
Fuera de eso, estoy loco, 
con todo el derecho a estarlo.

No me fastidieis, por el amor de Dios
¿Me queríais casado, futil, cotidiano y tributable?
¿Me queríais todo lo contrario, 
lo contrario de lo que sea?

Si fuera otra persona, os daría gusto a todos.
Así, como soy, teneis que aguantaros.

¡Iros al diablo sin mi!
¿por qué habíamos de irnos juntos?


No me cojais del brazo
No me gusta que me cojan del brazo.
Quiero ser solo. Ya he dicho que soy solo
¡Ah, que fastidio querer que sea de compañía

...

...

...

El poema sigue pero me he dado cuenta que no paro de cambiarle cosas y eso está feo. En realidad es un cabreo productivo mediocre, los he visto mejores, pero comparado con el rollito rima bécquer que había estado leyendo me pareció una maravilla. Ahora ya lo veo distinto. Pero eh, chicos, tiene buenas cosas. Me ha gustado lo del brazo. "No me cojáis del brazo, hijosdeputa". Entiendo esa impotencia. El hombre estaba loco y tenía todo el derecho a estarlo.

Eso es todo por hoy