martes, 23 de diciembre de 2008

bombillas


También ponen cada año las mismas luces...
quiero decir que no debe ser tan raro, son cosas de la psicología humana.
La redundancia de las fechas señaladas. Cada dia que pasa es distinto y un cuatro de agosto de un año no suele tener absolutamente nada que ver con el cuatro de agosto del año siguiente. Y nosotros, aunque no esté escrito en ningún sitio, nos recreamos en esa posible coincidencia...
Entiendo el calendario. El tiempo pasa pero para no perdernos lo organizamos en ciclos. Puede que este sea el dia 2.488.424 trillones, pero nos resulta más facil decir que vuelve a ser 22. Así sabemos cuando hay que volver a cantar las bolas de la lotería, y cuando ir a comprar algún regalo a los centros comerciales, y cuando utilizar otra mentira de tantas, en la que la mayoría ni creemos, para ensalzar ciertos valores con los que nos limpiamos el culo el resto del año.

Lo entiendo perfectamente. Repito que es la psicología humana. Es igual de estúpido sentirse feliz y bondado porque lo mande el calendario y la tradición, que sentirse triste, contrariado y protestón por... exactamente el mismo motivo. Y yo hace un par de años que dejé que la desidia me quitara las ganas de blasfemar y de indignarme y de odiar a las masas de gente que van y vienen cargados de paquetes envueltos en papel de regalo de colores vivos y reflectantes... pero me sigue sorprendiendo esta tristeza infinita. Cada año vuelven estos dias en los que busco desesperado algún plan, alguna compañía, la que sea, para evitar quedarme solo. Si me quedo solo se que volveré a hacer recuento: toda esa gente con la que tuve algún problema y con la que ya no me hablo; todas esas cosas que ya no hago y que me divertían tanto; toda esa gente a la que ya no veo, que está lejos, ya sea por kilómetros de arcén o de materia (in)sensible. Todos los momentos en los que me sentí dichoso y que se fueron llevándoselo todo y dejándome tan solo una impotencia tan reflectante y colorida como las luces de los árboles.

Se llevaron la luz y me dejaron las bombillas.

Os contaré una cosa. Hace 22 años que vengo intercambiando sensaciones. La gente nace y se encuentra al mundo, lo mira, lo toca, lo mordisquea un poco... algunos con más ímpetu que otros, algunos suben los edificios con sus propias manos, sin miedo a caer. Otros entran y cogen el ascensor, e incluso hay algunos que prefieren subir con cuidado por las escaleras y otros que si quieren ver algo de la planta de arriba, se conforman con levantar el cuello.
No quiero ser pesado pero incluso hay quienes, por miedo a una lesión cervical, se niegan a creer que la planta de arriba exista, para evitar la tentación de subir, incluso de levantar la cabeza.
En todos estos años he encontrado a gente que me ha contado lo que de verdad se ha encontrado al salir al patio de la existencia. Me han dicho que puertas han abierto, cuales le han gustado y cuales no, incluso me han contado que puertas tienen miedo de abrir y que otras le interesan en secreto, a pesar de tener carteles de prohibido colgados por la sociedad.
La sociedad no existe. Son un montón de personas como yo que firman acuerdos para no abrir puertas que dan miedo. El que las abra será tachado de enfermo, lascivo, psicópata, anormal, exhibicionista... cualquier cosa. Porque si miras un video de porno gay no estás explorando, eres maricón.
En todos estos años me ha interesado muchísimo saber por qué a mi me atraen tanto las cosas que nadie quiere mencionar, las que están tan evidentemente mal, tan unificadamente condenadas. Pero también me ha interesado muchísimo saber si estoy solo, si hay mas gente como yo, si en realidad no será que me pasa exactamente lo mismo que a todos, solo que yo soy consciente de mi mismo, y no me creo las patrañas de la "sociedad" y no se me olvida que tengo piernas, y manos, y rodillas, y un lunar en el ombligo.

De pequeño creía que odiaba las matemáticas. He intentado comprender muchisimas posturas que no me entran en la cabeza. Me resultan tan dañinas como ver en una pizarra una resta imposible. Una manzana que se divide por la mitad y da como resultado siete.
Cada año aprecio más las matemáticas.

Aún así dejo entrar en mi casa a todo aquel que le apetezca. Me da igual si se sientan en la mesa, si mean en la alfombra, si rompen los cristales o si se traen posters y me redecoran las paredes. Solo les pido una cosa: que me expliquen por qué. Y he entendido muchos por qués. He entendido que me quemen las sábanas, que me envenenen el agua, que lo destrocen todo...

Pero jamás podré entender por qué nadie acepta que la melancolía y el romanticismo masoquista, es el mejor remedio a la tristeza.

Esto lo pienso todas las navidades.

La sociedad inventó el calendario. Me pregunto si mi tristeza sería aleatoria de no ser por eso...

viernes, 19 de diciembre de 2008

jueves, 4 de diciembre de 2008

5 frases

Hoy me levanté a las cinco de la tarde.
Me senté frente al ordenador, y no he levantado mi culo de aquí desde entonces.
Acabo de comerme un plátano.
Aún así, me han invitado a una fiesta de lesbianas como único especimen masculino existente, y me ha llamado la rubia gato. He vuelto a saber de ella después de mucho tiempo...
... y dicen que para que te pasen cosas, uno tiene que moverse y salir de casa.

No he podido decirle algunas cosas. Tenía un "te echo tanto de menos" entre el pecho y el esófago, atascado, intentando salir. Y no pudo, se quedó ahí, lleva toda la noche jodiéndome, causándome ardores. Tenía que soltarlo de algún modo.

Después oí estas cinco frases:



Amaro Ferreiro - "ventanaespejo"

miércoles, 3 de diciembre de 2008

el corazón...


"Tal vez fue una horrible pesadilla... tal vez fue la luna llena... tal vez fue la primavera... Desperté de un sobresalto con el angustioso sentimiento que tenía el cuerpo hueco. Yo tenía un gran boquete en el esternón. Metí la mano dentro de mi pecho y descubrí con gran horror... que esto, que... que yo no tenía corazón.
Mi corazón se me escapaba, saltaba de mi cama, salía de mi casa, se iba por ahí de farra...
Sería que estaba deprimido, sería que estaba resentido... yo no sé por qué habría sido, pero mi corazón se había ido.
Y andando andando se desplazan los humanos
pero los corazones se desplazan...
palpitando, palpitando, palpitando
Yo iba siguiendo al corazón calle arriba,
y no se por qué... empecé a romper retrovisores de los coches aparcados
¡Fuego al clero!
Incendié una catedral y destrocé una sucursal del banco Santander...
porque... por qué? por qué?
porque no tengo corazón
o no lo veis que no? que yo... que yo no tengo corazón.
Desvalijando ancianos, asesinando perros,
atropellando niños, maldiciendo y escupiendo
me estaba envileciendo...
Bueno, evitaré explicaros las escenas más escabrosas y macabras de un servidor persiguiendo a su propio corazón... sin su corazón:
La cuestión es que mi corazón se me iba, pero se me iba mucho. Se fue de la casa, salió del barrio, de la ciudad... se metió por el viejo cementerio, luego pasó por un chatarrero, luego otro sendero que se internaba dentro de un bosque, y luego llegó a un recodo del río donde estaba el puente de los suspiros. Y allí... mi corazón pues se encontraba... con otro corazón, y los dos corazones se recostaban de la baranda del puente de los suspiros a palpitar, y a palpitar... No claro, eso está muy bien, claro, pero en fin...
Hay que organizarse
hay que organizarse
hay que organizarse...
Porque claro, te desorganizas y... primero se te va el corazón, pero luego se te van los riñones, o un hígado, o cualquier otro órgano.
Bueno, yo ya estaba a punto de organizarme cuando, de atrás de un árbol, apareció un señor con una gabardina gris y un sombrero gris y un cazamariposas. Se subió al puente de los suspiros y... ¡zas! cazó a los dos corazones.
Yo... ya daba a mi corazón por perdido. Pero de pronto, salió una chica de detrás de unos matorrales, y le tiró una piedra a la cabeza del señor de la gabardina y el sombrero gris y se cayó al suelo desvanecido. Entonces la chica se acercó y se presentó:
- Hola ! yo soy la dueña del otro corazón, que también se me escapa mucho por las noches... últimamente, ya se sabe, hay mucha gente que se le escapa el corazón y... pues hay otras gentes malas que las caza para hacer tráfico de órganos y estas cosas... y yo, como tenía una piedra, pues he pensado: ¡tírasela! si... si... claro, hay que organizarse
hay que organizarse
hay que organizarse..."
Albert Pla - "corazón"