jueves, 29 de enero de 2009

Cuando alguien te toca los cojones

Este post tampoco va sobre ti

empiezas a ser una mina antipersonal

intentas cruzar el mar...




sin saber nadar,

sin saber nadar...

lunes, 26 de enero de 2009

la contradicción solo está de acuerdo consigo misma

No creo en el Che Guevara
No creo en Lenin, ni en Trostki, ni en Stalin, ni en Fidel
No creo para nada en Obama
No creo en U2, ni en el buen corazón de Bono.
No creo en la política
No creo en las modas, ni siquiera en la de ser apolítico
No creo en "ir de"
No creo en pedir permiso para ser yo
No creo en medir mis palabras, ni sus consecuencias

No creo en las tendencias
ni en las "ideologías"
porque ninguna cosa definida es capaz de definirme
No creo en la libertad física...
porque con que solo hayan dos caminos siempre habrá uno que no puedas elegir
No creo en la reencarnación
No creo en dioses ni en diablos
No creo en la homosexualidad, ni en la heterosexualidad
No creo en la democracia,
no creo que lo que piense la mayoría sea lo mas justo
No creo en el amor eterno
No creo en la fidelidad sexual

aunque...

puede que crea en el amor
creo en lo cíclico
creo en el antiheroe
creo en la honestidad
creo en algo a lo que yo llamaría "lealtad sentimental"
y sobre todo en la lealtad a uno mismo

Creo en la sensación. Creo que todas y cada una de las cosas que sentimos son más reales que cualquier definición que acuñe cualquier diccionario.

Creo en los principios mejores que los mios
les soy infiel a los mios con cualquiera con los que me cruce que me gusten mas
y así me soy leal

Creo en las miradas
y en las manías

Creo en las pequeñas cosas
una persona dice más de sí misma por su forma de tocar que por las ideas a las que reza y jura lealtad.

Creo, sobre todo, en la inexperiencia, y en la capacidad de utilizarla de los que tienen dicha capacidad.
Creo en los que cruzan por mitad del jardín
y en los que se salen de un taxi en marcha
y en los que no son capaces de irse a dormir temprano aunque tengan que madrugar
y en los que saben rectificar

La tarea de un escritor es borrar y reescribir mas que escribir
La tarea de un ser humano debe ser contradecirse, y equivocarse, y engañarse, y serse infiel

Solo así podremos ser leales

Creo en los que somos capaces de escribir aun con la certeza de que nadie nos leerá jamás

Y sobre todo
Y ante todo...

Creo en que mañana, es muy posible que no esté de acuerdo con nada de esto

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con vuestro permiso, y sobre todo el de mi buen amigo Mario, os dejo un video del señor Gonzalo Escarpa

miércoles, 21 de enero de 2009

cadaver para paladares extraños

MARIO: - "estoy esencialmente triste últimamente...
pero esa tristeza... creo que les gusta a las tias"

JULIO: - "lo cual te alegra y hace que pierdas el efecto"

MARIO: - "ajá"

JULIO: - "lo cual te devuelte la tristeza y consigo el pertinente efecto"

MARIO: - "ajá"

JULIO: - "lo cual..."

MARIO: - "ajá..."

lunes, 12 de enero de 2009

De puta madre



Dicen que lo más complicado es empezar.

Empezar debe ser un error, eso lo explicaría todo.

Hay elementos que confluyen de forma natural, como si estuvieran programados con un mismo código

y no hiciesen falta

presentaciones

ni saludos

ni protocolo alguno.

Es como cuando el agua decide tomar un cauce

y no hay camping veraniego ni urbanización de chalets adosados que puedan recriminarle nada al respecto.

Las personas también confluyen, sin pedir permiso, sin solicitud alguna, sin escape.


Me preguntaste por teléfono esa frase que nunca supe contestar y que todo el mundo se hace a todas horas del día en cualquier momento y con total y liviana desfachatez.

Los hay que les basta con un solazado “de puta madre”.

Los hay que directamente te informan de su situación laboral, académica y amorosa...

Como si esa información estúpida contestara a la pregunta.


¿Que cómo estoy? ... Ja!


En este instante me peleo con el caos de palabras y sensaciones y este cúmulo enorme de incertezas que cuando son llamadas al orden, parecen hacerse infinitas. Supongo que esto no responde a tu pregunta.


Me llevaría una vida averiguar algunas cosas del tiempo que pasamos juntos. Empezaría preguntándome por qué los relojes tienen una idea tan equivocada del tiempo que compartimos. Por qué quieren hacerme creer que los minutos y los segundos que pasaron ocupan el mismo espacio que los que pasan desde que te desviaste de nuestro cauce. Pero esto nos llevaría más de ese tiempo en concreto.

Lo que conozco de mí, y lo que puedo contarte sobre mi estado, está relacionado con un tipo que no puede evitar girar la cabeza cada vez que cruza frente al campo de fútbol junto al que vives. Es patético.


Cuando era más pequeño, y remarco ese “más”, mi padre era para mí lo más parecido a la sabiduría absoluta. Si alguien me convencía sobre algo hasta el punto de entusiasmarme, solo tenía que contrastarlo con la opinión de mi padre para que todo lo que me pareció absoluto e inamovible días antes, cayera ante mis ojos como la mayor de las gilipolleces.

Pensaba entonces que mi aprendizaje al margen de su modo de entender el mundo, era tan débil como una pompa de jabón.

Cuando te ví aquella tarde, embriagado yo de besos y sexo y risas y supuesta y presunta felicidad, me ocurrió exactamente lo mismo, todo se evaporó como las teorías políticas de un sabiondo universitario ante la certera bofetada de las reflexiones al respecto de mi padre.


No pienses que sigo intentando evitar tu pregunta, diría incluso que necesito esta orgía de palabras y confusiones verbales, lipotimias intelectuales y pajas mentales para contradecirme y hallar en algo tan confuso una respuesta, confusa, pero respuesta.

Te lo digo ahora aquí, y así, por los poéticos motivos que me permite la reflexión al enfrentarme a un folio en blanco, y por mi menos hermosa fobia a la tecnología comunicativa.

Te lo digo así porque de alguna forma, si averiguó que sigo sin saber contestar, te habré demostrado al menos que no es por pereza ni miedo ni estrategia.


Pero volvamos al tipo.


No estuvimos en París, ni en Lisboa, ni hicimos grandes planes, ni te quedaste embarazada. No vimos ninguna puesta de sol, ni te recité ninguna gran poesía de William Ernest Henley después de que echáramos un polvo.

Un polvo, si.

Hoy no me apetece llamar “hacer el amor” al conjunto de lametones, penetraciones, besos, caricias y demás accesorios.

No, por mis basta y ordinaria desgana de decir chorradas y por mi poético y extraordinario respeto al resto de cosas que hicimos juntos...

y que también deberían haber sido llamadas así, si se hubiese terciado ser poético y extraordinario, claro.


No pasamos grandes fechas juntos, ni conocí a tus padres, ni nos dio por ensalzar nuestro momento compartiéndolo con otras parejas en esas cenas horribles de parejitas.


No estuvimos más de dos veces en cada sitio que estuvimos.


El tipo sin embargo recuerda cada sitio en que estuvimos como si el reloj que se equivoca con nuestros minutos y nuestras horas, también se equivocara con los segundos y los días que han pasado por aquellos lugares desde entonces.

El tipo recuerda cada canción que escuchamos, una sola vez, y no fueron canciones de Tom Waits bajo una luna plácida de primavera, ni mucho menos.


A estas alturas, con tanta palabreja, quizás ya no te acuerdes de lo que preguntaste e incluso te preguntes como me libré de la opinión de mi padre sobre las trabajadas conclusiones que intento yo por mi cuenta y riesgo poner en pie, sin que pueda venir el cabronazo a derribármelas.


La respuesta es fácil:

ahora no le consulto.


Y tú pregunta tenía una respuesta clara y sencilla antes de que la formularas.

Tenía guardado un nuevo, reluciente y solazado

“de puta madre”

con el que contestar a cualquiera que quisiera desestabilizarme con la dichosa pregunta.


La respuesta para ti es que estoy empezando.

Y empezar debe ser un error, eso lo explicaría todo,

porque los elementos confluyen de forma natural

como los ríos elijen su cauce

y no hay una puñetera mano de ningún Dios capaz de evitar que ocurra.


Se equivocaban. Lo que debe ser complicado es terminar.

jueves, 8 de enero de 2009

Como te digo una co... te digo la o...



RECITAL DE POESÍA de los señores Mario Barranco y Borja de Diego. Yo voy. Si alguien se apunta ya saben. No se si serán tan aburridos como los anteriormente descritos en el último post, pero mi amistad con ellos y mi intuición me dicen que ellos más bien son de los que se dan por aludidos sin razón alguna.

Alguien se apunta?

martes, 6 de enero de 2009

retrato de poetilla de mercadillo

"Hay poetas de la calle, hay poesía en movimiento... hay poetas que se bajan la bragueta...ayayayayay poetas!"

Esa moda de intentar ser más papista que el papa. Me saca de quicio. A fin de cuentas creo que o bien te gusta el arte, o bien te gusta ser un artista. Y por algún motivo que desconozco aquí a la mayoría nos gusta más ser artistas que el arte en sí mismo.
Uno puede darse una vuelta por el centro y curioseando un poco se los podrá encontrar fácilmente. Poetas. Poetas que quedan entre ellos y recitan, sentados en una silla de una biblioteca que se preste, o de algún salón de actos, o bar culturetilla. Poetas que cruzan las piernas y esperan ansiosos su turno para sacar su tono trascendental y hablar como si cada palabra escrita contuviese los secretos de babilonia, el oro del perú y las claves existenciales que tanto tiempo llevamos buscando. Poetas que se graban a sí mismos, poetas que si tuvieran dos cabezas se besarían en los morros mientras proclaman su soledad y su potencial autodestructivo... poetas con carnet de poeta.
Es imprescindible tener un blog, conocer a otros poetas, y participar en actividades que se distinguen de un funeral en el sentido del humor... (en los funerales lo hay).

Gente muy bien comunicada y muy bien relacionada que se bañan en piscinas de compañía mientras proclaman en un tono quejoso lo triste de la soledad. Gente que pasa de puntillas por la vida de los demás, y que se inventan debilidades nuevas para salvaguardar las verdaderas. Gente muy ilustrada y muy comprometida que no comen jamás en un McDonals, porque tienen una conciencia tan fácil de acallar que cambiándolo por un Gambrinus o un Fogón de leña se sienten tranquilos. Gente que se despeina a propósito. Gente que se compra los pantalones rotos. Gente que jamás se pararía a hablar con alguien que reconozca que le gusta el fútbol, o los placeres más llanos, porque temen que su impecable imagen de alternativos se tiña de la mediocridad de los demás. Gente que desprecia a la gente superficial, por no preocuparse por disimular esa superficialidad con el mismo empeño y talento con el que lo hacen ellos. Gente falsa, ególatra, arrogante, egoísta, miedosa, cobarde, narcisista. Ciegos que hablan de belleza. Sordos que mueven la cabeza al ritmo de un viejo tema de Tom Waits. Gente que desprecia el silencio, que inclinan gustosos la espalda para cargar con todas sus medallas de vanidad. Los que te miran por encima del hombro. Los que te preguntan con un tonillo sarcástico: ah, tu también escribes? Los que venderían a su madre si eso les asegurara un buen poema publicable.
Gente deshonesta.

Cada persona de este jodido mundo tiene algo que contar. Tiene una sensibilidad única y admirable. No todo el mundo sabe como explotarla, algunos directamente no se preocupan de averiguarlo porque no creen en ellos mismos. Otros son conscientes de su insignificancia y no buscan la idolatría y el halago barato. En cualquier caso, ellos, los poetillas de mercadillo, los desprecian a todos porque para ellos, el poeta se define más por la forma, que por el contenido.

Se que esta entrada es potencialmente conflictiva. A todos los que se den por aludido les diré dos cosas, antes de que cojan mis palabras y le den la vuelta y me demuestren esa capacidad demagógica y cínica que curiosamente, también suelen tener como propiedad única: 1) Esto no va a todos los que recitan por defecto. Esto no va a todos los que escriben poesía por defecto. Esto no va a todo el que se sienta artista. Comprendo eso de que hoy en dia, en una ciudad como Sevilla, solo haya una forma de tener alguna opción de darse a conocer y poder publicar tu obra: compartir plataformas como el cangrejo pistolero y demás... y acabo como empecé: no seais más papistas que el papa.
y 2) a todos los demás, que os jodan.

Bukowski y Casariego Córdoba me respaldan. Juas.