sábado, 21 de febrero de 2009

Lo de fuera


Lo menos media hora de camino, las cinco de la mañana de un viernes insulso y cualquiera. Llega un momento en el coche, en el que me contemplo a mí mismo: un tio dentro de un coche, con el pie en el acelerador, 140 km/h, la autopista vacía, y la compañía de unas cuantas canciones de Extremoduro que se suceden y que parecen querer decirme cosas que no soy capaz de escuchar. Solo puedo verme, como si estuviera analizando una fotografía, imaginándome que a mi lado viene una chica con la que pueda sentirme a gusto, que me entienda, con la que no tenga que hacer tanto esfuerzo intelectual inútil, tanto empeño por decir cosas interesantes, por evitar caer en la estupidez y en el hablar por hablar... Me la imagino bajita, guapa, de mirada felina, frágil, divertida, una personilla con la que no me hace falta indagar tanto, con la que me siento cómodo hablando de nada, soltando palabras, desperdiciando saliba como si fuera gratuita, haciendo del mayor de los sinsentidos una oda a la complicidad maravillosa. Y posiblemente me va acariciando el pelo mientras yo destapo alguna de mis manías estúpidas y me río como si de verdad el mundo no tuviera ni un solo resquicio a salvo de la ligereza y la livianez del humor, de la coña, de la sonrisa de oreja o oreja. La miro y se que le gustan tanto todos mis defectos como a mí los suyos.

Llego a mi casa y pienso que me podrían hacer un cola cao, mientras yo me tiro en la cama y me quedo viendo un especial sobre el cine indie americano, de estos que ponen en la 2. Pero como no hay nadie me bajo a la cocina, cojo un paquete de roscos, porque en mi pueblo a los picos siempre se le han llamado "roscos". Tambien cojo algo de fuet y me lo llevo a mi habitación, y mientras que lo voy cortando descubro que esa barra fálica de salsichón tiene una deformación, como una hendidura, que hace que cada vez que corto un trozo, este tenga forma de corazón.

Como roscos con corazones. Vuelvo a poner Extremoduro.


... Ante tales precedentes, lo más normal era que acabara escribiendo en este puñetero blog.

martes, 17 de febrero de 2009

La victoria incesante del tópico



Otro dia señalado pasa de largo sin que nadie diga nada. Otro de esos días absurdos. Los enamorados siguen enamorados y atortolados y felizmente agilipollados y abobaliconados y apestando a anestesia general. La fecha sirvió como una excusa. Ellos podían haberse dicho las mismas moñerías, se podrían haber dado los mismos besos, y haber ido a los mismos lugares, y haberse regalado las mismas cosas... gracias a cualquier otra excusa. Podrían haberlo hecho por cumplir seis meses y tres días, por hacer un año de la primera vez que se dieron un beso en público... cualquier excusa habría valido.
Pero al parecer quieren vendernos la necesidad de coger un dia cada año, un dia cada jodido año, para que los pobres enamorados puedan quererse sin problemas.

Dicen que el chocolate es sustitutivo del sexo, y también un gran estimulante y antidepresivo. Bueno, cuando crearon San Valentín, los empresarios se aseguraron venderle la moto a todos los enamorados, pero los más listos fueron los chocolateros.

Nadie cree en estos dias. Todo el mundo dice eso de: "bah, eso es una chorrada". Si, todo el mundo pasa del tema. Nadie hace nada especial por San Valentín. Al igual que nadie celebra la navidad, ni cena con su familia, ni se va de vacaciones a Sierra Nevada.

Los perdedores tampoco quieren admitirlo. Ninguno de ellos admite que la existencia de estos días, para lo que más sirve, es para que uno se pregunte: "por qué estoy solo?" "por qué no soy feliz?" "por que...?"

Ya ni siquiera vienen guiris en semana santa. Y cuando vienen, tienen la prudencia de pasar desapercibidos, ya no combinan calcetines blancos con chanclas, ni se ponen esos gorrillos patéticos para protegerse del solazo sevillano.

Resulta que nadie se raya, y todo el mundo vive sin complicarse, sin darle vueltas a las cosas. Y que ya nadie echa de menos a nadie. Y que todo el mundo sabe como tratarse. Y que todo el mundo entiende el funcionamiento del mundo, y sabe que de que hablar cuando se encuentran con desconocidos en un ascensor.
La gente al parecer sale de fiesta y no tiene miedo de bailar, y saben relacionarse perfectamente con los desconocidos, y no se siente más sola mientras más gente la rodea, y no se siente más vacía mientras más ocupada está su vida.

Me pregunto por qué se perpetúan tanto los clichés, siendo tan evidentemente erroneos.

Me pregunto por qué coño cada dia que pasa se crean más blogs.

viernes, 6 de febrero de 2009

martes, 3 de febrero de 2009

el fin del mundo caerá en domingo



Yo se muy poco sobre la vida.
Se muy poco de casi todas las cosas pero a veces creo que doy con alguna, alguna cosa básica y elemental que se puede respirar, y oler, y que contiene esa fuerza imparable de la belleza encarnada uniformemente reconocida. Quiero decir que uno cree que tiene una fuerza tan evidente que los demás deben darlo por sentado tanto como tú.

Hoy vengo pensando que una de esas cosas que a veces se me revela como una verdad incontestable, es que el mundo tiene ciertas mecánicas de funcionamiento indiscutibles y fácilmente identificables. Porque cuando uno tiene planes, y dinero y fuerzas para vivir todas las cosas intensamente y ver mundo y estar en sitios y sentirse vivo es precisamente cuando dispone de menos tiempo para poder hacerlo.
Porque cuando uno tiene tiempo para hacer todas esas cosas, la desidia se te cuelga del hombro como un mono parlanchín que acaba convenciéndote de que no hay cosas que puedas hacer, ni que te apetezca hacer, ni que creas que están a tu alcance en esas condiciones.
Porque cuando más necesitas a la gente, esta no suele estar disponible.
Porque cuando necesitas estar solo la gente no te lo permite.
Porque las personas más maravillosas que me he encontrado, nunca suelen ver en mí todo lo que me gustaría que viesen.
Porque las personas que te adulan y que te rodean suelen ser las que más te destruyen y menos te interesan...

Por las mañanas, cuando despierto después de haber estado contigo, siento que no hay nada que pueda uno encontrar en el mundo que me apetezca más y que sea mejor que estar contigo, deseándote cada décima de segundo como el escalador que divisa la preciada cima de la montaña que está acabando con su salud y con su cabeza.
Un segundo después, solo en uno o dos segundos, cuando descubro que ya no estás, sea el dia que sea, siempre siento que es domingo, que todos los aviones que pasan son en realidad asteroides gigantes que van a chocar contra la tierra, que toda la comida está envenenada, y el tabaco parece ser negro y me araña el pecho, y sentir que no te tengo a mi lado me parece algo tan forzado y tan antinatural que no puedo creer que esté ocurriendo, y que tú estes conscientemente lejos de mí.

Es como si el agua se volviera sólida y no fuera hielo, y como si el aire se volviese líquido y se desparramara por todas partes, se colara por las alcantarillas y todo el mundo te mirase con cara de asfixia y desesperación. Es como si el mundo echase el ancla y de la inercia el aire y el agua y las montañas y todos los tipos a los que preferirás tener a tu lado, se estrellaran contra la atmósfera, y esta temblara como un flan y las oscilaciones provocaran huracanes y en ese instante de caos absoluto y absurdo yo me quedase congelado, viéndolo todo, sin saber darme una explicación coherente, sin saber como coño voy a aceptar volver a verte y volver a pasar por esto una y otra vez, sin salida, y sin saber tampoco como podría sobrevivir si no lo intentara una vez más, si no me aferrara a eso que dicen de que la naturaleza es la madre sabia que todo lo pone en su sitio.

Supongo que la naturaleza está ahí, y no para de ocurrir ni un solo instante, y entonces esto sigue ocurriendo y el mundo no se para, ni se destruye, ni se nos hinchan las cabezas como a esos dibujos de la tele en los que el astronauta se quita el casco y se le pone la cara roja antes de estallar. La vida sigue, como dice Sabina, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Y el tiempo pasa, y no arregla nada, no te manda un email en cadena para hacerte sentir dentro de un círculo de algo, o para que sepas simplemente que está ahí, que puede que un dia sea verdad y el tiempo se decida a pasar y a ponerlo todo en su lugar. Y la palabra Karma sigue cotizando alto en todas las bolsas espirituales y poéticas de este jodido mundo, y sigue vendiéndose con su sola evocación, y no me pega un toque al teléfono para preguntarme como lo llevo, o para tranquilizarme y rogarme que espere un poco más, que tenga un poco de fe.

Las cosas siguen ocurriendo y yo cada dia tengo más complejo de fotograma en un cajón, congelado, una simple foto quieta y espectante a que alguien se anime a proyectarme y a ponerme en marcha y hacerme sentir que formo parte de algo con sentido y con un final feliz, o al menos un dulce tercer acto dramático.

Me dan siempre las tantas mirando el ordenador. Leyendo cosas que no siempre consigo entender, captando simplemente que detrás de esas bonitas palabras y metáforas hay algo tan alucinante que me emociona solo de pensarlo y rogando a que mi subsconsciente se esté quedando con algo, porque todo pasa ante mis ojos y yo solo siento mi quietud, mi parálisis, la pérdida inevitable de mi tren, del único vagón en el que estoy seguro que debería estar.

Me dan siempre las tantas y tras batir mis ideas y mis conflictos como si fueran una tortilla francesa, acabo siempre escuchando alguna canción que desearía que estuvieras escuchando atentamente, que te explicara todo este galimatías intraducible que es echarte tanto en falta, que es tener tantas ganas de ti.

Pero al final se que no ha podido ser, que nisiquiera habrás podido intuir que yo estoy aquí escribiéndote poemas, proyectándote en cada palabra y en cada nota de las canciones que han escrito unos cuantos genios exclusivamente para que yo pudiera enseñártelas.

Si no tuviera un blog, esto se quedaría en un cuaderno. La única diferencia sería que mi estúpida capacidad de ilusionarme no tendría tregua, seguiría agónica en algún rincón de mi cabeza impidiéndome dormir.

Al menos puedo pensar que en el fondo recoges todos estos momentos, y que la naturaleza, el tiempo, el karma, y todas estas cosas... solo tratan de ponerme a prueba.

Y quizás este sea el momento de dejar de escribir, ya que acabo de descubrir que aqui es exactamente donde empecé, el momento en que acepté que no puedo dejar de engañarme a mí mismo para que el mundo no explote dentro de un segundo.