sábado, 27 de febrero de 2010

vivir fuera del tiempo


"no creas que la salvación se encuentra en un lugar... como hice yo. Es mejor la vida anárquica que una existencia basada en una sociedad organizada donde todo está previsto, donde todo es perfecto.
A veces por la noche... esta oscuridad y este silencio me oprimen. La paz me da mucho miedo. La temo más que a ninguna otra cosa. Imagino que es solo apariencia, y que oculta el infierno. Pienso que supondrá no ver a mis hijos mañana... El mundo será maravilloso! -dicen, y no sé en qué se basan, si hasta una llamada de teléfono basta para que se acabe todo.
Debemos vivir fuera de las pasiones, fuera de los sentimientos... en la armonía de la obra de arte lograda. En ese orden encantado.

Deberíamos amarnos tanto como para vivir fuera del tiempo, distantes.

... distantes"


Allain Curry a Marcello Mastroianni en "La Dolce Vita", de Federico Fellini.

sábado, 20 de febrero de 2010

el gran, único e inimitable


Mi amado Enrique Bunbury ha estrenado disco hace unos días. Todavía no tengo videoclips, pero os dejo el primer tema del disco:



A disfrutarlo

miércoles, 17 de febrero de 2010

síndrome de diógenes sentimental

Hacer una fábrica que fabrique ganas.
Que fabrique a sus trabajadores.
Una fábrica llevada por un solo hombre.
Un hombre solitario
un hombre triste que se fabrica compañía
que lucha contra la vasectomía emocional

Una fábrica de lunares para la espalda
de orejillas que sobresalen de la melena de pelo liso
de manitas pequeñas
de risas extrañas y escandalosas
casi tanto como el silencio

Una fábrica de horas muertas
con un portero amenazante flanqueando
... la entrada del tiempo.

Y un buen almacen donde guardar los trastos
las servilletas garabateadas
los tickets, las entradas,
los mecheros gastados

... y una señora mayor que lo regente,
y que sufra síndrome de diógenes sentimental.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Durmiendo. Dormiendo


Pues resulta que lo de esta noche... me ha sobrepasado por completo. Hace mucho tiempo que vengo barajando la posibilidad de que cuando sueño, en realidad estoy visitando una realidad paralela. Es una idea que ya había tenido muchas veces antes, pero que me reafirmó el diálogo de una gran película muy simple llamada "Slacker".

Andaba yo al borde de la muerte. En una cama de algún hospital, sonaba el aparato ese que registra la frecuencia cardiaca, y bastante gente alrededor. Podía sentir la preocupación, y no podía abrir los ojos, pero intuía que me quedaba poco, y que los que estaban por allí en aquel momento no eran familiares ni nada por el estilo. O eso, o mis seres queridos de la otra realidad no me estimaban demasiado. Y de repente siento que todo va a acabarse. Inhalo profundamente la última bocanada de aire, el aparato empieza a sonar más agitadamente, después más lento, de nuevo más rápido... y mientras me debato entre la vida y la muerte, me hago consciente por un momento de que estoy soñando. Pero en ese transcurso de tiempo en el que descubro que todo es un sueño, no puedo evitar cuestionarme hasta que punto será verdad que el sueño es esa cama de hospital y la realidad es esta otra cama plácida en la que tengo un simple sueño lúcido...
De repente pienso que si me dejo morir, creeré despertar, pero lo que estaré haciendo realmente será abandonar esa otra realidad para quedarme atrapado en esta. Y pienso un momento en mi realidad actual, y me digo que sería una putada morir en la otra. Sería una putada despertarme y volver a ser el que escribe en este blog, el que no es capaz de superar nada, el que vive atrapado en la autolamentación constante, en la idealización pasada, en la apatía general, en el romanticismo rancio, en la más absoluta pasividad intelectual, dejando pasar a mi alrededor ideas, proyectos, aventuras... el que hace años que siente que se limita a suceder, en lugar de ser... En definitiva, en seguir siendo un comatoso con capacidad de retórica y de autoprovocarse dolor.

Así que hago un último esfuerzo, intento aferrarme a esa vida paralela del sueño, intento mantenerme vivo, de algún modo, cerrando más los ojos, obviando que siento el olor a tabaco de mi habitación, los gritos de mi madre a mis hermanos para que no lleguen tarde al colegio... y parezco conseguirlo por un momento hasta que... me despierto. Me despierto justo al mismo tiempo en que se empezaba escuchar el sonido continuo de la muerte, de ese que nos han enseñado tan bien en las series de médicos, ese "piii" suspendido en el aire, dibujando una linea recta en mitad del gráfico, acabando de una vez con esa montaña rusa constante que es la vida.

Aunque mentiría si no reconociera que... una vez despierto, tuve una ligera sensación de alivio. No pensé entonces en mi apatía, ni en mi cobardía, ni en el tiempo que llevo sucediendo sin sentido y con el piloto autoomático. No, pensé en otras cosas más agradables. Me alegré de estar vivo. Me sentí patriota de mi propia vida.

Pero era temprano. Seguía teniendo sueño. En verano suelo añorar los dias de invierno porque no consigo conciliar el sueño, y sin embargo en invierno echo mucho de menos esa livianidad del sueño veraniego, esa facilidad para levantarme de un brinco. Parece como si para levantarme necesitase varias fases, como si tuviese que pasar una verdadera cuarentena antes de estar en condiciones de volver a incorporarme al mundo, como si el frio de la habitación, al quitarme las mantas de encima, fuese a pararme el corazón si no me preparo lo suficiente para el shock...

Así que seguí durmiendo. O dormiendo. Nunca supe como se dice. Y sigo sin querer saberlo.

Y tuve otro sueño. Otra realidad paralela. Y si al cerrar los ojos me parecía complicado que la próxima fuese a perturbarme más... me equivocaba. Porque en esta nueva realidad yo estaba en algún lugar, aislado, como sedado, y me sentía un vegetal. Me sentía uno de estos pobres chicos que ha tenido un accidente de moto, y ha perdido la capacidad cerebral, y solo pueden hacer acciones simples, y preguntarse qué cojones les pasa, por qué no pueden pensar, por qué no pueden escapar de esas cuatro paredes. Y recuerdo haber sentido que mis padres estaban allí, secuestrándome, impidiéndome escapar, drogándome constantemente. Y recuerdo sobre todo sentir, simplemente, impotencia. Impotencia de no poder pensar. De no poder analizar, de no poder recordar nada, de no poder abrir de nuevo los ojos y volver a mi acogedora habitación, apestosa a tabaco y a esperma.

Recuerdo sobre todo el odio hacia mis padres. La irracionalidad, la falta de consciencia. Y la tristeza, la infinita tristeza...

Por eso hoy, al levantarme, a pesar de seguir sumido en esta depresión creciente, en este encierro voluntario, en este vacío existencial... lo vi todo con otros ojos. Aprecié la regañina de mi madre por volver a despertarme tan tarde. Quise llamar a mi padre y decirle lo mucho que lo quiero.

Y me planteé por primera vez, en mucho tiempo, que tengo que luchar contra esta tristeza infinita

martes, 2 de febrero de 2010

maldito romanticismo

Veamos... toda la culpa la tienen las series. Y las pelis. Y algunas novelas, pero menos. Sobre todo las dos primeras.
Recuerdo por ejemplo hasta que punto llegué a enamorarme de Rachel. Era pequeño y los guionista de Friends me hicieron empatizar desde el principio con Ross. Ya, ya se. Estaba Chendler, que era el que más gracia me hacía, pero yo no me veía reflejado en él porque siempre tuvo un tratamiento más alejado, más... impersonal. Sin embargo Ross era el perfecto perdedor. Lo había dejado su mujer por otra mujer, es decir, su mujer se había vuelto lesbiana. Y encima le pidió que la dejara embarazada para criar un niño con su nueva novia lesbiana. Y el pobre de Ross nunca pudo negarse. Además era un poco gilipollas, remilgado, friki, y obsesivo. Me encantan los personajes obsesivos. Y entonces crean la gran historia de amor, aparece Rachel encarnada en esa preciosidad absoluta que era en aquel entonces Jennifer Aniston. Y al pobre Ross siempre le dan largas. Lleva años soñando con ella y ahora tendrá que soportar que vuelva a su vida, y que le refriegue su incapacidad saliendo con otros tios más guapos y más graciosos que él. Y todo es muy parecido a la vida y uno está realmente metido en el asunto hasta que... hasta que entonces ocurre, y se dan las circunstancias perfectas, y Rachel de repente descubre a ese gran y patético hombrecillo que es Ross y se enamora de él... y cuando se besan... dios, uno cree haber probado los labios de Jennifer Aniston.

Pero no solo pasa en esa serie. Están "antes del amanecer" y "antes del atardecer" de Linklater, con ese final de Julie Delpy imitando a Nina Simone y diciendole a Ethan Hawke: "nene, creo que vas a perder ese avión". O esas historias de amor trágicas que aunque acaben mal, son tan maravillosamente románticas que uno no podría pretender menos: Ana y Otto en "los amantes del círculo polar". Lucía y Lorenzo en "Lucía y el sexo". O esas historias de amor marciano e incondicional y perfecto de "tú, yo, y todos los demás" o "eagle vs. shark". O la relación entre Marshall y Lilly en "como conocí a vuestra madre". O la de Charlie y Claire en "Lost", o la de los niños de "Déjame entrar", o la complicidad de la escena de los cangrejos entre Woody Allen y Diane Keaton en "Annie Hall"... y que me dicen de Jim Carrey y Kate Winslet en "Olvídate de mi" o de la maravillosa Charlotte Gainsbourg desquiciando a Gael García Bernal en "la ciencia del sueño".

Y "los amantes del Pont Neuf".
Y "Astronautas"
Y el capitulo 68 de Rayuela

Y hoy no voy a hablar de la música. Ese es capítulo aparte.

No creo estar en condiciones de aceptar tanta belleza. Ni que tantas cosas así ocurran cada dia. A mi alrededor, observo como pasa constantemente. Grandes historias de amor. No quiero escuchar a nadie sugerir que ya me pasará a mí porque yo... yo tengo acumulado demasiado romanticismo en el pecho, tanto que voy a explotar. Me doy asco.

Y no puede acabar bien.
No puede acabar bien.




Por eso quiero dedicarme al cine, mamá.



Cargaré toda la vida con mi cursilería galopante, y una tendencia a lo dramático y al romanticismo ochentero que no me permitirá, jamás, que me ocurran cosas como esta. Porque hay cosas que, definitivamente, solo ocurren en las pelis, o en las vidas de otros.

lunes, 1 de febrero de 2010

en dias como hoy


Suelo entrar a este blog directamente. Si alguien se mete en mi ordenador, y teclea la dirección de esta página, verá que automáticamente puede acceder a mi cuenta. La tengo puesta automática.

... lo que quiero decir es que hoy, bueno, algunas veces, a pesar de tener esa opción activada, a veces uno quiere entrar y vuelven a pedirle la clave secreta, y lo vuelven a hacer sentirse un extraño. Bueno, pasa muchas veces, nadie sabe muy bien por qué pero es así...

La cosa es que hoy me ha pasado. He introducido la clave, y al entrar, he visto un menú que no suelo ver porque... ajá, ya lo he dicho, suelo entrar directamente saltándome toda esa presentación con mis datos y la foto esa que sale de mi perfil.

Y resulta que... bueno, primero he pensado que es un poco injusto conmigo mismo que mantenga una foto en la que salgo claramente favorecido. Se que soy más feo que ese de la foto, que mi pelo nunca está tan liso como pareció estar aquella tarde, y me pregunto por qué nunca tengo el valor de cambiarla por una más actual, más parecida a como soy en realidad. Una en la que tenga el pelo más corto (ya no me lo suelo dejar tan largo) y que tenga más barba (ya no la suelo tener tan corta) y que se me vea más la papada fea esta que tengo (he engordado desde entonces) y en la que parezca menos interesante y más gilipollas (en aquel entonces tampoco era ni más ni menos de ambas cosas).

En realidad ha sido un planteamiento fugaz. Me ha incomodado tanto que rápidamente he dejado de pensar en ello. Y ha sido entonces cuando he visto, por primera vez, que al parecer tengo 3 seguidores. 3 personas que han activado una opción que me había pasado desapercibida, por la cual puedes registrarte como "seguidor" de un blog en concreto. Una forma de decir que te gusta algo, tanto como para relacionar tu nombre a ello. Y claro, me ha picado la curiosidad. He visto que personas eran. Solo conozco a una de ellas. Y tampoco es que lo conozca mucho a Javi, aunque es cierto que bueno, nos tenemos ese aprecio desconocido de haber hablado algunas veces. No se por qué, de algún modo eso me ha consolado. Que la mayoría de esas tres personas no me conozcan. Por no decir todas. Pero me sigue pareciendo una presión brutal saber que hay tres personas que confían en mí tanto como para hacerse seguidoras de mi blog. Cuanta responsabilidad.

Si supieran... en fin. Soy una persona mediocre, y muy sencilla. Hoy es domingo y no me he atrevido a salir de casa. Hace rato que me debato entre ver una película o buscar algo de pornografía. Al final he decidido ponerme algo de música, porque ya me masturbé esta tarde, y porque en mi afán por hacerme creer a mí mismo que soy el chico interesante de aquella foto... me bajé un montón de películas (Bergman, Fellini, Kubrick) que no me apetecen ver en absoluto los dias como hoy.

Los dias como hoy, lo único que me apetece es hacerle el amor a cualquier mujer. No hay más. Y lo único que pienso es en situaciones pasadas, todas relacionadas con mujeres. Y lo único que me preguntó es por qué no se me ocurre que otra música escuchar que no sea Love of lesbian, Quique González, Ivan Ferreiro, Enrique Bunbury...

Al menos he puesto una foto chula.