martes, 30 de marzo de 2010

La Abstracción #2



"La abstracción #2: Mímesis" de Mario Barranco y Julio Blez

Segundo de una serie de cortometrajes que pretenden lograr la abstracción del momento a partir del uso intuitivo de la cámara. Señalan estas condiciones:

- No hay manipulación en lo retratado, lo que se ve es un fragmento objetivo de la realidad.

- Espíritu "voyeur"

- Exploración de un uso expresionista del sonido. Se busca sugerir terceros significados através de la música, la voz en off o los efectos.

- Sobretodo, se pretende “el efecto hipnótico”

- Respeto por la naturaleza espontánea de las cosas, sublimación del registro de la casualidad.

- Huir de la estaticidad de la fotografía fija, búsqueda de la coreografía entre cámara y objeto.

- Evitar el autoretrato fácil, trascender la cultura webcam, buscar la narratividad de aquello que se registra, la poesía sugerida.

sábado, 27 de marzo de 2010

Paradoja Films

Bueno, paso con un poco de prisa para dejaros una bobina con el trabajo de varios cortos que hemos realizado una serie de directores (Mario Barranco, Javier Franco, Hugo Baena, Javier Flores y yo), que formamos un colectivo llamado "Paradoja films".

Acabamos de abrir nuestra página web, www.paradojafilms.tk en la que tenemos colgada la bobina, y pronto añadiremos información sobre quiénes somos, qué hacemos, y pequñas biografías de los que la componemos. También iremos colgado nuestros cortos, y ya teneis información de contacto para cualquier cosa para las que nos necesiteis.

Espero que os guste.




www.paradojafilms.tk

viernes, 19 de marzo de 2010

La Abstracción



"La abstracción" - Mario Barranco y Julio Blez

Primero de una serie de cortometrajes que pretenden lograr la abstracción del momento a partir del uso intuitivo de la cámara. Señalan estas condiciones:

- No hay manipulación en lo retratado, lo que se ve es un fragmento objetivo de la realidad.

- Exploración de un uso expresionista del sonido. Se busca sugerir terceros significados através de la música, la voz en off o los efectos.

- Sobretodo, se pretende “el efecto hipnótico”

- Respeto por la naturaleza espontánea de las cosas, sublimación del registro de la casualidad.

- Huir de la estaticidad de la fotografía fija, búsqueda de la coreografía entre cámara y objeto.

- Evitar el autoretrato fácil, trascender la cultura webcam, buscar la narratividad de aquello que se registra, la poesía sugerida.

lunes, 15 de marzo de 2010

gordo


Conozco a un tio que no folla desde septiembre. Bueno no, en realidad ese tio soy yo. Ya sabeis, la idea del artista que se inventa personajes que tienen sus problemas para contar sus miserias sin ningún pudor. He pensado que nadie suele atreverse a reconocer este tipo de cosas. Puede que con los colegas y tal... pero no así, en un medio abierto a cualquiera. Imaginaos que lea esto mi madre. La imagen de mi madre leyendo como su hijo dice en su blog que no folla hace tiempo. En fin, una ensaladilla mental.
Supongo que soy un exhibicionista. No termino de entender por qué algunas cosas están mal vistas. Pegarse pedos, comerse los mocos, enseñarle la polla a una vieja. En fin, esas cosas están mal. Decir que no follas mucho no es muy inteligente, hay que proyectar éxito. Es decir, tienes que contar lo perdedor que eres, pero nunca demostrarlo. Si de verdad demuestras que eres un perdedor... la cagaste. Se trata de carnaval. Hay que "disfrazarse de", pero no salgas a comprar el pan vestido de putita.

No se. Es posible que yo no tenga razón. A lo mejor tiene sentido que cuando alguien te gusta, no le digas lo mucho que te gusta. O que cuando conoces a alguien que te gusta haya que fingir tener interés en ser su amigo cuando lo único que quieres es ser, como mínimo, su amante. Quizás esa sea una de las razones por las que no follo. Tampoco publico libros, ni vendo guiones, ni tengo una mínima parcela de reconocimiento o prestigio artístico. Algo tendrá que ver con que no me gusten nada los disfraces.

En fin. No es que me guste ser así. Bueno si, me gusta. Mi concepto del perdedor está muy claro, y hay grandes claves para detectar a uno auténtico. Perder no es una circunstancia, sino una elección. Naces un dia sin que nadie te pregunte si te apetece y ya que estás aquí, tienes dos opciones: O te agachas y pasas por el hueco de las ratas, o te quedas en tu posición natural y te das la hostia contra la pared. El buen perdedor es el que, consciente de no ser una rata, toma la decisión de no doblar la espalda para pasar por el hueco, llevándose la hostia del siglo a medida que la pared avanza...

ja. Esto de la pared es una de esas metáforas gruesitas. Consiste en que la vida es una pared que avanza hacia ti, y si no te agachas pa pasar por el hueco del ratoncillo te chocas contra la pared de la vida, que viene siendo una de esas paredes con gotelé rústico de ese que si te pica la espalda, te puedes refregar contra ella para rascarte. Una pared que no se presta a colgarle cuadros, muy como de casa antigua.

Una vez aclarado todo esto, he de decir que yo no soy un perdedor auténtico. Estoy en ello. Llevo cuatro dias rodando un cortometraje de un tipo sin demasiado talento que o bien se ha doblado muy bien pa entrar por el hueco de las ratas, o bien ha tenido la suerte de nacer siendo rata. Que oye, lo de la "rata" no es peyorativo. Son animalillos como cualquier otro. Lo pongo como ejemplo por el tema del huequito ese de los dibujos animados que hay en las casas, ya sabeis, el huequito del ratón en el que el gato estúpido pone una trampilla con un trocito de queso. Ese hueco.

Por donde iba... Ah si, el corto. Cuatro dias trabajando más de 13 horas diarias en un puesto de dirección que detesto para que el artistilla bien relacionado de turno vuelva a ganar unos cuantos festivales, sin que me pague una mierda, aguantando gilipolleces de alto calibre y riéndole las gracias al productor, a las maquilladoras, al director de fotografía y a toda la plana mayor. Me siento indigno. Yo no nací rata y encima no tengo el talento suficiente para disfrazarme de rata. Intento doblarme y no entro bien, me quedo ahí atascado, sientiendome gordo. Tengo una hipocresía mórbida. Así que llego a mi casa pensando que soy un perdedor y en realidad nisiquiera soy eso, porque los perdedores son los que lo eligen, los que se pasan por los huevos la pared y aceptan el golpe dignos, en su sitio, con la cara llena de cal, o de escarcha, o como se llame eso blanco que se te queda en la ropa cuando te restriegas por una pared.

Pero bueno, tengo mi blog. Lo utilizo pa estas cosas. Cuando llego a mi casa, me quito el disfraz incierto que me pongo a veces, y hago propósito de enmienda. Y me desnudo, y reconozco que hace muchos meses que no follo y que posiblemente eso sea la causa de todo.

Incluso de la crisis económica.

domingo, 7 de marzo de 2010

El domingo y la muerte


El otro dia me preguntaron sobre la contradicción. Bueno, más que preguntarme me la citaron, y entonces yo hice un gran esfuerzo en señalar lo identificado que me siento con ella, lo muchísimo que me gustaría que se asociara de algún modo a mí mismo, a una de mis más importantes inquietudes. Digamos que quise señalarla en negrita, para que tuviera que ver conmigo, como si yo fuera Martin Scorsese y ella Robert de Niro. Cervantes y Don Quijote. Tim Burton y Johnny Deep... como si ella misma fuera mi alter ego.

Entonces me preguntaron: - ¿ah si? ¿y que piensas tú sobre la contradicción?

Y me llevé un rato pensando, balbuceando nervioso, tratándome de explicar. La sola perspectiva de investigar un poco ahí dentro y poner en pie alguna teoría sobre ella me bloqueó el cerebro. Intenté dejar claro que era un asunto sobre el que había escrito, pensado y reflexionado muchísimo. Un asunto realmente importante para mí, pero que en ese preciso momento no me sentía capaz de poner mis teorías en pie porque... me acababa de levantar y no tenía la cabeza para hostias.

Es cierto que me acababa de levantar, y que últimamente no tengo la cabeza para hostias. Ayer mismo me sentí absolutamente terminal en cuanto a mis capacidades intelectuales. Sentía haber enfermado de algo, y estar a punto de perder por completo cualquier opción de ser algo menos que un besugo incapaz de procesar ninguna información relevante. Sentía que yo, y por tanto mi vida, sería tan mediocre, que el mundo se me vino encima y me entraron ganas de llorar. Como en aquel sueño en el que solo era consciente de estar internado en algún hospital, y de no ser capaz de recordar a nadie, ni de pensar en nada. Como si fuera un vegetal.

Hoy me he levantado un poco mejor. Ayer era sábado por la tarde y mi vida me parecía aburridísima. No me malinterpreten. Hoy es domingo por la tarde y mi vida me parece aburridísima. No es que haya cambiado gran cosa. Solo que ayer tuve que intentar dejar de pensar. Mi amigo me llamó por teléfono y yo sentía que necesitaba pedir ayuda, y no me salían los gritos. Y me limité a escuchar como él me pedía ayuda. Y balbuceé algunas palabras tratando de ayudarlo, y no lo conseguí. Y además tampoco fui capaz de explicarle que no podía porque yo también la necesitaba, quizás más que él, aunque eso siempre es subjetivo... como casi todo lo demás. Y entonces él se dio cuenta que yo no tenía nada para ayudarlo y colgó, y yo me sentí entonces como dije antes, mucho peor que como dije antes porque como ya he dicho, hoy tampoco es que esté mucho más fluido en esto de explicarme y de pensar. Así que imagínense que mucho peor de lo que estoy pudiendo transmitir. Dejen a un lado el texto y céntrense en la forma. Es como cuando le preguntas a tu chica si no le importa que hayas quedado con los amigos, y ella te dice que no, que no te preocupes. Pero te lo dice con ese tonillo de voz. Centraos en eso, en el tonillo. Ya se que no es lo mismo pero por escrito también se puede percibir ese tonillo. Olvidad lo que os estoy contando e intentar buscarlo, y quedaros con él.

La cuestión es que hoy, que estoy un poco mejor, intenté volver al asunto de la contradicción.
Pensé un poco en ello y me elaboré un discurso mental. Esto es una cosa que hago mucho y que consiste en lo siguiente: me imagino a mí mismo, delante de un par de cámaras de televisión, en un cómodo sillón, sentado frente a un entrevistador que me hace la pregunta, y yo entonces contesto con mi reflexión. Pero no solo pienso en mi contestación, sino en el tonillo de voz que yo tendría, en hacia donde giraría la mirada según lo que estuviera diciendo... etc. Por mucho que Bukowski dijese que cuando el alma se pierde aparece la forma, yo creo que la forma, por mucho que me duela, está tan integrada y se complementa tanto con el fondo como viceversa.
Me encanta Bukowski. Los Beats están bien, pero Bukowski en mi opinión esta un paso por encima. ¿por qué? bueno, porque de verdad él siempre conseguía someter a la forma. Él era un tipo enorme, al que su padre daba palizas de pequeño, con la cara llena de pus debido a un acné extrañísimo que padecía, y que le hacia parecer un monstruo. Y era un tipo sensible. Cuando la vida se ceba especialmente con uno, y encima ese tipo es un tipo con sensiblidad, es un arma de doble filo. Puede ser que salga un suicida, un asesino en serie, o un artista. O quizás todo en uno. Porque los artistas tienen que ser un poco asesinos, y un poco suicidas. Y como se dedican al arte pues pueden desarrollar esas dos facetas de modo metafórico, que no siempre es menos doloroso que el modo físico, no se vayan a creer. Y lo mismo pasa con el asesino, que tiene una parte suicida y una artística que no desarrolla porque está ocupado matando a gente. O haciendo arte de la muerte, o matándose a sí mismo metaforicamente... que tampoco es tan agradable como suena. Y por último el suicida, como es evidente, es un poco desordenado y no va a poder hacer nada más si empieza por hacerle honor a su nombre.

La verdad es que ya no se muy bien por donde iba. Ah si. Hoy, hoy es domingo. Los domingos es otro de los temas sobre los que también he reflexionado mucho y si yo fuera Federico Fellini, me gustaría que los domingos fuesen mi Marcelo Mastroiani. Los dominos y la contradicción. Dos de mis más amados y odiados temas, con los que me gustaría que se me asociaran, dándose a la vez. Yo aquí, un domingo por la tarde, sumergido en mi tristeza inexplicable, pensando en qué pienso realmente de la contradicción.

Y como no había forma me puse a ver un documental sobre Bukowski. Un muy buen documental, muy interesante, muy largo, que se me ha hecho muy corto.
Me encanta Bukowski. Me gusta tanto que me ha entristecido mucho ese final en el que su última ex mujer, hablaba de ese momento en el hospital en el que el viejo Hank se debatía entre la vida y la muerte. Me di cuenta en ese momento de que, con 23 años, le tengo un miedo atroz a la muerte.

Luego el documental acabó, y me puse otra vez a pensar sobre la contradicción. Como no me sentía capaz, y empezaba a darme cuenta de que en realidad no tengo ni la más remota idea de lo que pienso sobre ella, me vine al blog a escribir lo primero que se me ocurriese. Y eso estoy haciendo.

Y como pasa cuando uno busca una cosa con mucho empeño y no la encuentra... en cuanto he dejado de buscarla, me he dado cuenta de que esta, en si misma, puede ser una buena premisa sobre la contradicción, y si no una premisa, al menos una gran contradicción para mí:

El domingo y la muerte

martes, 2 de marzo de 2010

un cuento para mi enano



Había un tipo, uno de estos culos inquietos que basa su existencia en embarcarse en aventuras, expediciones, viajes de riesgo, experiencias de todo tipo... por personalizar un poco, digamos que se llamaba... eh... Oreo.

Pues bien, Oreo estaba inmerso en su última expedición, una aventura de alto riesgo, ya que había decidido conocer el interior de la selva amazónica, animado por sus compañeros de viaje, a los que llamaremos Winston y Lanjarón.
Los tres amigos llevaban ya una semana atravesando el rio amazonas, partiendo desde Colombia y con dirección a Brasil, y parando en cada pequeña región habitada para conocer y compartir los viejos secretos y leyendas de los nómadas que balbuceaban en lengua tupí lo muy hasta los cojones que estaban de tanto guiri explorador creyéndose haber encontrado, por enésima vez, un lugar cuyo misterio y belleza a los ojos del mundo, suponía para ellos la más paradójica y pesada monotonía.

No me voy a enrrollar mucho más. La cuestión es que nuestro amigo Oreo, en una de sus exploraciones en canoa, desapareció de la faz de la tierra. El rio parecía habérselo tragado. Winston y Lanjaron se dedicaron a rastrear la selva noche y dia, contactaron con todas las autoridades pertinentes, movilizaron equipos de rastreo y rescate... pero Oreo no aparecía por ninguna parte. Dos semanas después, los dos amigos, extasiados, decidieron volver a casa y darlo por muerto. Los aborígenes les habían explicado que había unos rápidos, rio abajo, en los que ya habían tenido lugar varias tragedias. El número de gente desaparecida en aquella maldita selva era tan elevado, que la posibilidad de conservar esperanzas de encontrar a Oreo con vida era tan estúpida como la fe en Dios.
Los compañeros, familiares, y amigos, lloraron su muerte durante años, y en su pueblo natal, que ahora no recuerdo pero que podria haber sido... San Nicolás del Puerto, nombraron a una calle con el nombre de: "aventurero Martínez" Porque así debía llamarse el tal Oreo de apellido, y porque siempre le gustó considerarse así, un intrépido "aventurero".

Pues bien, pasaron unos 15 años, y una plácida noche veraniega en San Nicolás del puerto, las familias cenaban pescado frito en las terrazas de los bares que dan a la playa artificial que forma un estancamiento de las aguas de la ribera del Huéznar a su paso por la localidad sevillana. Una joven de aspecto débil y natural, llamada "Bezoya", que por entonces era la novia de nuestro amigo Lanjarón, se encontraba en una esquina apartada de la playa, metiendo sus pies pálidos en el agua, mientras se fabricaba un proyecto de porro de gran embergadura con el que quería sorprender al grupo de amigos que la acusaban de ser una chica demasiado light, mineral... muy como de dieta pobre en sodio.
Fue entonces cuando apareció de la nada un tipo canijo, barbudo y moreno, como recubierto de chocolate, que asustó a Bezoya por su sigilosidad extrema. El tipo siguió andando rio arriba, hasta la parte iluminada de la playa, en la que se quedó quieto, levantando los brazos, y echándose a llorar.
Dias más tarde se supo que aquel tipo era Oreo, al que todos dieron por muerto años atrás en aquel rio, y que pareciera haber nadado durante años a contracorriente hasta dar con la orilla en su pueblo natal.


El acontemiento, evidentemente, revolucionó a aquel pequeño pueblo de la sierra norte sevillana. Los dias posteriores no hubo otro tema de conversación, y todos hacían cola a la puerta de la casa de la familia, en la que su madre, la señora María Fontaneda, suplicaba a todos que dejaran pasar unos dias de tranquilidad. para que todos se repusiesen de aquella magnífica noticia, aquel milagro de aquel Dios que había dejado olvidado a otros cuantos en aquella maldita selva.

Según se supo, Oreo, tal como predijeron los indígenas, accidentó su canoa contra una de las rocas en la zona de los rápidos, y había flotado semi inconsciente hasta una orilla cercana. Cuando quiso volver, su sentido de la orientación le jugó una mala pasada, y en lugar de bordear el rio y subir hasta la posición en la que lo esperaban Lanjarón y Winston, tomó la dirección opuesta, perdiéndose en la espesura de la selva durante varias semanas. Al parecer estuvo a punto de morir de frio y hambre, y lo hubiera hecho si no fuera porque se encontró con una expedición de austriacos, que lo llevaron a su campamento y le salvaron la vida.
Cuando Oreo pudo comunicarse, sus amigos ya no estaban. Su documentación se había perdido, no tenía forma de salir de aquel lugar. Los austriacos se ofrecieron a acompañarlo hasta Perú, ya que ellos finalizaban allí su viaje. Una vez en Lima, Oreo se despidió de sus salvadores entre calurosos agradecimientos, y se dirigió a la embajada española, pero entonces un peruano borracho que celebraba la victoria en la liga de fútbol del Alianza, lo atropelló con su coche, dejándolo en coma durante 14 años en un hospital tercermundista, sin que nadie supiera a ciencia cierta quien carajo era aquel gallego recubierto de chocolate.

Al parecer un dia, no sabría explicaros como, Oreo volvió a la conciencia, volvió a la vida. Se recuperó en aquel viejo hospital, y en cuanto pudo volvió a España, a su pequeño pueblo de la sierra norte Sevillana.

Según me confesó el propio Oreo, años más tarde, lo único que tenía en la cabeza cuando venía en el avión de vuelta, era encontrarse de nuevo con su chica, una tal "pantera rosa". Evidentemente, por aquel entonces, la pobre pantera rosa ya había superado todo aquello, y estaba saliendo con Chips Ahoy, un americano que llevaba unos cuantos años instalado en el pueblo. Pero le impactó tanto su vuelta, que no puedo evitar echarse llorando a sus dulces brazos gitanos en cuanto lo tuvo en frente.

Cuando uno está muerto, los demás no tardan demasiado en seguir con su vida, y en apartar en algún rincón de la memoria a aquella persona que existió alguna vez.

Supongo que cuando uno no está muerto, pero tampoco está en el recuerdo de la gente, de alguna forma si que está muerto. O que en realidad solo existimos en la conciencia de los demás. Que dependemos tan radicalmente de las relaciones interpersonales que la negación de nuestra existencia por parte del resto del mundo, podría llevarnos a creer en nuestra propia muerte.

La dulce pantera rosa, me dijo, una vez que me la encontré, que precisamente había estado recordando con gran intensidad el tiempo que pasó con Oreo, unos dias antes de que este apareciera de nuevo. Y que el resto del tiempo... simplemente había olvidado que existió.

Creo que eso explica por qué tardó tantos años Oreo en salir del coma, y también por qué me niego tan rotundamente a sacarme el recuerdo de ninguna de las personillas que habitaron mi vida en algún momento, de esas dulces galletas y aperitivos que me acompañaron en lo amargo del café...

... en aquellos maravillosos diás en los que yo existía.