miércoles, 21 de abril de 2010

Superman


Cuando quieres mucho a alguien, mucho más de lo que has querido a nadie hasta entonces, mucho más incluso que a ti mismo, aunque esto me lo pueda autodiscutir dependiendo de la crisis existencial por la que transcurra en cada momento... uno lo pasa mal. Sobretodo cuando acaba. Porque siempre ha dolido más que te peguen una paliza y salgan corriendo, a que te zumben y se queden ahí, esperando réplica.

Cuando las cosas acaban mal, y tu eres alguien como yo, si acaso existe la desgraciada posibilidad de que te me parezcas... sabrás que los meses que te esperan pueden ser muy jodidos. Si además coinciden con el invierno más lluvioso que recuerdas, puedes ir preparándote... y más aún si a todo esto sumamos que no encuentres trabajo, o que tus capacidades artísticas sean puestas en entredicho por una absurdo ataque de tu propia conciencia.

Pero si pasan más de seis meses, y tu conciencia deja de joderte, y retomas un poco la confianza en ti mismo, y pasas más de tres dias seguidos sin pensar en ella, y la lluvia parece darse por vencida y el sol te da en la cara y te olvidas las gafas de sol... pasan unas horas, acostumbras los párpados al brillo, y te conviertes en superman. Porque, cuando de verdad se ama a alguien, superar la derrota es tarea de un superhombre.

El problema está en que, en uno de esos días, te la vuelvas a encontrar por la calle, y descubras que su sola presencia se haya transformado en criptonita.




/foto: "Paris, Texas"/

viernes, 16 de abril de 2010

las perdices, antes de ser comidas, fueron felices


Hay una cosa que sé sobre mi.
Se me ocurre un edificio, pongamos que la azotea del bloque de pisos donde vives. Hay gente que vive en un bloque de pisos toda su vida y nunca ha subido a la azotea, al igual que también hay gente que solo lo hace en caso de buscar una manera rápida y eficaz de esparcir los sesos por el asfalto. A mi, personalmente, me gusta vivir asomado a la calle. Me gusta ver a las mujeres pasar, y sentir el privilegio voyeur del pájaro.
No puedo negar que desde aquí arriba las cosas se confunden a veces con relativa facilidad. Como cuando pasa un motero con casco blanco y creo contemplar una poderosa calva, o le dedico algún piropo a alguna mujer bonita que resulta ser en realidad un rockero de pelo largo con el culo respingón.
Supongo que, como casi todo en la vida, vivir en ciertos extremos trae consigo la misma proporción de privilegios que de sacrificios. El eclecticismo (y donde dije digo ahora digo diego) del que presumiblemente se extrae la virtud, a mí siempre me asustó demasiado. Siempre pensé que si bajaba a la calle perdería la gran oportunidad de ver pasar el cometa. Y aunque parezca cobarde mantenerse en la ilusión infantil forzada, requiere mucha fe y ciertas crisis de identidad mantener la mirada atenta a pesar de que el cometa jamás se haya siquiera insinuado entre las nubes.

Ocurre que a veces, desde mi azotea, soy testigo de un gran momento. En el edificio de enfrente, a unos cincuenta metros de distancia, se celebra una fiesta en un balcón. Y en el balcón hay una personilla que te lanza un cable, con un envase de yogur, y te canta una canción de Albert Pla, y te hace comprender que las características que atribuimos al corazón son mas propias de las vísceras, y te hace reir en la distancia y entonces oyes a tus vísceras palpitar.
Ella está en el balcón del edificio de enfrente. Para llegar allí, tendrías que coger carrerilla, tirarte al vacío, dar un salto de más de cincuenta metros, agarrarte a la barandilla, y esperar que ella te tiendese la mano. Pero ella no te ha invitado al balcón. Y te ha pedido que no lo hagas. Y te ha advertido de que aunque consigas saltar esa distancia, sus manos estarán agarradas a la cintura de un pájaro muy hermoso, mucho más hermoso que tú, y por lo tanto no podrá hacer nada cuando te quedes pendiente de la ayuda, agarrado al hierro frio de las rejas. Y además las rejas son de estas que tienen pinchos, y posiblemente, por alguna razón extraña, en ese edificio las rejas están electrificadas. Y los pájaros de la peli Hictchcock están rondando la zona, amenazantes, por si no fuera suficiente haber sido capaz de saltar cincuenta metros, agarrarte a la barra electrificada del balcón y freirte vivo en la descarga, para acabar contigo. Y me han dicho que también hay unos francotiradores por la zona, pero eso ya creo que ha sido para acojonarme un poco. Y aún así no importaría en caso de que supieras que ella querría salvarte, que querría agarrarte y hacerte el boca a boca. Pero sabes que no. Y tirarte es la forma de precipitarte al vacío más absurda que pueda contemplar el hombre.

Sin embargo yo estoy en mi azotea, y desde aquí, con una brisa plácida que me recuerda al mar, no se me ocurre otra cosa mejor que hacerlo. Y me resulta difícil explicar hasta que punto me indigna a mí mismo ser tan jodidamente estúpido. Y hasta que punto me siento egoísta por suicidarme en directo, y obligarla a ver morir a un pobre hombre ante sus ojos.

Desde aquí, solo desde aquí, midiendo el salto, puedo sentirme vivo por unos pocos segundos. Exactamente el tiempo que tarda mi cuerpo en entrar en la espiral de la fuerza gravitatoria del peso de la tierra, de esa realidad aciaga y burlona que se empeña en tirar de mí hacia el impacto y recordarme que nací siendo un hombre, y que no conseguiré hacer de mí mismo un pájaro por mucho tiempo que me lleve habitando las cornisas.

Hay algunas cosas que sé sobre mí. Algunos hombres sueñan con el plan perfecto. Maquinan por las noches la forma de trepar el edificio. Compran arneses, estudian los planos, aprenden a pilotar aviones.
Yo solo espero impaciente el momento en que pueda desafiar a todas las diosas de las leyes físicas, saltando al vacío en busca de entrar en mi fiesta, arroyando a los porteros, saltándome las colas, violando los derechos reservados, imponiendo de nuevo la épica y las vísceras sobre la frialdad matemática de la precaución...

...sintiendo por un momento, antes de que la tierra me precipite contra ella, que por fin me he convertido en pájaro

sábado, 10 de abril de 2010

leche condensada


Hoy me presentaron a una chica muy hermosa. Posiblemente la mujer más bella que haya visto en muchísimo tiempo. Si cuando uno ve un plato de comida, el olor y el aspecto hacen que uno pueda imaginarse perfectamente el sabor, o cuando uno ve un material, puede imaginarse el tacto, la rugosidad, la temperatura... digamos que yo pude imaginarme perfectamente que esos labios tenían que saber a queso de cabra con miel y pasas.

La cuestión es que ella no me prestó ninguna atención, y contra lo que pueda parecer, creo que eso en el fondo me supuso un alivio. Habría sido una responsabilidad enorme ser consciente de tener la atención de semejante obra de arte, tener la presión de estar a la altura y la perspectiva de la cantidad de hombres mucho más guapos, interesantes, inteligentes, ingeniosos y locuaces que yo. Y no solo en ese tipo de aspecto. Me da la sensación de que sea cual sea la preferencia de cada cual, los hay mejores que yo a cinco o seis metros en todos los campos posibles. Da igual que sus preferencias sean los introvertidos, los sabios, los culturetillas, los snob, los frikis, los perdedores... los hay mucho mejores que yo en cualquier materia.
Creo que mi neutralidad es la peor característica que pueda desarrollar cualquier proyecto de ser vivo. Envidio a los que verdaderamente son feos, a los que de verdad estan gordos, o son niñatos, o imbéciles posesivos, o cualquier defecto que se te ocurra. Y lo digo en serio. Cada dia me cruzo con mujeres de todo tipo que se cuelgan por todas las clases de tios que uno pueda imaginarse. Me apena no ser lo suficientemente radical en ningún sentido. Me toca los cojones mi eclecticismo. E incluso si eres de esas, puedo presentarte a tios mucho más eclécticos que yo.

De todas formas da igual. Ahora mismo, despues de varios meses abonado a la más absoluta apatía, estoy en plena ebullición sentimental. De echo, me han partido el corazón cuatro veces en solo dos dias. Y eso sin contar a todas las que no he conocido personalmente, con las que me he cruzado por la alameda esta tarde.
En total, si las contara a todas, creo que llegaría un punto en que no se podría romper ni un trocito de corazón más, como cuando partes por la mitad un folio, y luego unes esas dos mitades y las vuelves a romper, y las vuelves a unir y las vuelves a romper, y lo vuelves a hacer... hasta que te quedas con un tocho diminuto y grueso de papel imposible de volver a romper.

Cuánta mina antipersona disfrazada de masajista de pies.
Cuánto gusano intentando convertirse en mariposa.
Cuánta espesura en tan pocos metros de aire entre los desconocidos.
Cuánta espina en el pescado.

He llegado a pensar que quizás de lo que yo estoy enamorado es del amor. Quizás a mí no me interesen tanto las personas, sino más bien la sensación conceptual.
Dentro de unos cuatro o cinco dias cumpliré 24 años, y no puedo decir que en todo este tiempo haya vivido una situación realmente maravillosa y romántica con nadie. Han habido momentos, me he llegado a enamorar hasta en el desierto, pero la realidad le podría besar el culo a la productora de ficción de mi cabeza. Y eso tendría algún sentido si yo fuera un genio, pero tampoco soy de esos.
Sin embargo desde que tengo memoria adulta (llamémosla así) no he parado de escribir, contemplar, apreciar, describir, buscar y fabricar amor en mi cabeza. Me he imaginado mi vida con tantas mujeres que habría necesitado pedirle un préstamo al tiempo que todavia no ha pasado para poder vivirlas todas. Me he fabricado guiones mentales tan cursis que habría matado a toda la humanidad de un subidón de azúcar. He sido tan asquerosamente fantasioso y romanticón toda mi vida que si lo hubiera escrito, la gente habría tenido que vomitarse a sí misma, no existiría tanto alimento en el mundo como para saciar el vómito, habrían tenido que terminar expulsando los intestinos, el corazón, los dedos de los pies... habría hecho de cada inocente ser humano una camiseta reversible.

Hay quien piensa que soy un pelín exagerado, que nadie vive realmente las cosas que describo, que todo puede parecer mucho más perfecto visto desde fuera, y que tendemos a la idealización y toda esa mierda. Pero es mentira. Porque yo soy real. Al menos todavía no hay nadie en el puto universo que me haya demostrado lo contrario. Y si yo soy real, y puedo sentir que existe algo, ese algo ya está existiendo. Cualquier cosa que uno pueda imaginar por sí solo, existe. De algún modo.

Se que alguno que lea esto va a pensar, conociéndome, que por esa regla de tres estoy justificando la existencia de Dios. Yo siempre he pensando que de hecho, aunque no sea del modo que todos creen, al existir el concepto, el ser humano ha creado a Dios. Y en ese sentido si, existe, vive en mi conciencia.

Me pregunto si entonces también habré creado yo el amor. Pero sea como sea, es mucho más alentador y reconfortante solucionar lo inexplicable en nombre del todopoderoso, que resignarte a guardarte el amor en la cabeza.

Bueno, estoy borracho, qué cojones importa.

domingo, 4 de abril de 2010

BEVAPOF, FOPEVAB, PAFOBEV... calcetines


Me gusta cuando llego a casa y descubro, al quitarme los zapatos, que llevo dos calcetines distintos. Hay un tipo muy concreto de personas que van a verte descalzo, y quiero pensar que el dia que me vean quitarme los zapatos, una de esas disociaciones textiles sea presenciada a modo de presentación de mi alma, de metáfora del olor a despiste vital que brota de cada poro de mi cuerpo y del que me siento tan orgulloso.

Quizás yo no soy un tipo muy optimista. O simplemente, al objetivizarme y salirme de mi templo ególatra, comprenda que no cumplo con los requisitos que exigen el éxito y las mieles. Yo, por ejemplo, le doy la misma importancia a la intolerancia que a la tolerancia. Odio las concepciones clásicas del bien y el mal. De echo odio esas concepciones, sean del tipo que sean. Creo en el terrorismo puro, ajeno a la política, en la destrucción constructiva. No tengo fe en la humanidad. Me declaro un misántropo sin arreglo, un romántico, enamoradizo, cursi y gilipollas. Un tio que se alegra de ser tio. Uno de esos que tienen un blog y hablan de ellos mismos.

Pero cuando acabo un concierto, como esta noche, una tristeza profunda se adueña de mí, y al pasar por la calle abarrotada de gente, me olvido completamente de mi desprecio por la cultura popular, de mi odio a todas y cada una de las religiones, y sobre todo a cada uno de los agnósticos o ateos que participan de sus fiestas argumentando el tema de la tradición, el turismo y la música de las bandas filarmónicas. Cuando acabo de tocar, recojo mi batería, miro a la camarera, y me imagino como sería mi vida con ella, pienso que no hay cosa que me apetezca más en el mundo que el amor, las siglas de la Armonía, la Metáfora, el Orgasmo y la Rabia. Y de otras muchas palabras mucho mejores que empiezan por letras distintas, pero que sirven seguro si dices amor en otro idioma. Quizá en mi idoma yo lo llamaría BEVAPOF: Belleza, Estómago, Vísceras, Arte, Poesía,Onomatopeya, Fusión.

Qué gilipollez.

Recuerdo a todas mis ex. A las hijasdeputa que me rompieron el corazón, las que me mintieron, las que jugaron conmigo, las que me utilizaron, las que me denigraron, las que me hundieron en la mierda por ser incapaz de ser honestas a tiempo... y las que simplemente eran mejores personas que yo.

Pienso en todas ellas y me pregunto donde cojones se quedó mi capacidad de guardar rencor. De echo, simplemente pienso en donde se quedó mi capacidad de pasar página, o de ser indiferente. Y querría llamarlas a todas, y besarlas a todas, y decirles que "¡quién fuera ellas mismas para poder irse cada noche a la cama con ellas!

Mi odio es tan generalizado y tan intensamente difuso que creo que no existe. Porque llego a mi casa y cojo a mi perro y me paso horas rascándole las axilas de las patas delanteras, que sé que le encanta. También le gusta que le rasque los huevos pero aún no soy tan puro. Y le cuento a algún amigo que me encuentro por messenger que me siento triste, y que eso es maravilloso.

Y que no hay cosa más peligrosa en este mundo que un puñetero optimista.

sábado, 3 de abril de 2010

anoche estuvo aquí

Anoche estuvo aquí,
llevo pensando en ello todo el dia.
Subo y bajo gran via
como un polícia local.
Como el autoestopista de sus sueños...

...pisando los charcos de 1956

Anoche estuvo aquí...
llevo pensando en ello todo el dia.
La nevera vacía
la ropa tendida sin ganas de patrullar

quise mucho a esa chica
pero espero que no vuelva nunca más.

Anoche estuvo aqui
llevo pensando en ello todo el dia
Si me acerco se gira
si aprieto me enfila...
y ya no tiene vuelta atrás

Quise mucho a esa chica
pero espero que no vuelva nunca más


QUIQUE GONZÁLEZ - "Anoche estuvo aquí" (Daiquiri Blues, 2010)