lunes, 20 de agosto de 2012

El océnao es un enorme perro azul



"  - ¿Realmente esperas que mucha gente te pregunte por tu sexualidad?

[...] Di lo que quieras. Di que el lesbianismo es una especie de respuesta a la alteridad. Di que el único sentido que tiene el amor es intentar meter los dedos por los agujeros de la máscara del amante. Llegar a agarrar de alguna manera esa máscara. Y que más da cómo lo consigas...

 [...] Por ejemplo, si la gente te pregunta, puedes explicarles esto. Te enamoras de un hombre que insiste en que solo puede quererte cuando estás de pie en el centro exacto de la habitación.

 [...] Te voy a contar otra historia -dice Julie- Otra historia para que la tengas preparada, para cuando no te dejen en paz. Ya verás cómo se la tragan [...] Cuéntales que tenías ocho años. Tu hermano tenía cinco y no sabía hablar. Diles que tu madre tenía una cara agotada e inexpresiva. Que había ido volviéndose cada vez más fea, primero por culpa de los hombres y luego por ella misma. Que su cara permanecía inexpresiva, enamorada de un hombre silencioso e impávido que os dejó tirados tocando un trozo de madera al lado de una carretera. Diles que tu madre os abandonó en un campo de hierba seca. Diles que el campo, el cielo y la carretera... tenían el color de una colada sucia. Diles que te pasaste todo el dia tocando aquel poste, que allí estaban tu mano y la mano blanca de un niño tarado. Que esperabas que regresara porque hasta entonces lo había hecho siempre...

 [...] Diles que había una vaca -Julie traga saliva-. Estaba en el campo, junto al sitio donde tú estabas tocando la cerca. Diles que la vaca estuvo allí todo el dia, masticando alqo que se había tragado hace mucho rato y mirándote. Diles que la cara de la vaca no tenía ninguna expresión. Que se pasó el día entero allí, mirandóos con una cara enorme que carecía por completo de expresión. -Julie suspira-. Que casi te entraron ganas de gritar. El viento sonaba como alguien gritando. Y tu allí de pie, tocando la madera todo el dia con una criatura que era la encarnación del silencio. Que podía, ya sabes, quedarse ahí indefinidamente, esperando al único coche que conocía y sin sentir la necesidad de comprender nada. Y una vaca te estaba mirando, ahí delante, igual que podría estar mirando cualquier otra cosa.

 [...] Diles que todavía hoy no puedes soportar a los animales, porque las caras de los animales no tienen ninguna expresión. Ni siquiera un asomo de expresión. diles que alguna vez miren la cara de un animal, que la miren de verdad...

[...] Y luego diles que miren de cerca las caras de los hombres. Diles que se detengan un instante y miren la cara de un hombre. La cara de un hombre está totalmente vacía. Mírala de cerca. diles que miren ellos también. No lo que hacen las caras, porque las caras de los hombres nunca dejan de moverse como antenas. Pero lo único que hacen sus caras es moverse e ir adoptando diferentes configuraciones del vacío.

 [...] Diles que en las máscaras de los hombres no hay agujeros para meter los dedos. Diles que es imposible querer algo que no se puede coger con los dedos.

 [...] Por eso te quiero a ti, si es que te quiero. Es por tu cara cuando adopta una expresión. Intenta mirarte desde fuera, siempre desde una perspectiva distinta. Dile a la gente que sabes que tu cara pierde su belleza cuando está en reposo.

[...] Una vez me preguntaste cómo entendía los poemas. Y también me preguntaste si nosotras, si lo nuestro dependía de un concurso para existir. ¿eh, cariño? ¿te acuerdas? ¿te acuerdas del mar? ¿de nuestro mar al amanecer, de como nos gustaba? Nos gustaba porque era como nosotras, Faye. Aquel océano era obvio. Todo el tiempo estábamos buscando algo obvio. El mar solo es el mar cuando se mueve. Las olas son lo que distingue al mar de un charco muy grande. El mar no es nada más que sus olas. Y todas las olas del mar terminan chocando con lo que ellas mismas empujan y rompiendo. Todo lo que estábamos mirando durante todo el tiempo que estuviste haciendo preguntas era obvio. Era obvio y era un poema porque éramos nosotras. Mira esa clase de cosas, Faye. Tu propia cara cuando adopta una expresión. Una ola que rompe sobre una roca y pierde su forma en un gesto que expresa esa forma. ¿Lo ves? "

 ... extraído del relato "Animalitos Inexpresivos", perteneciente al libro de relatos "La niña del Pelo raro" de David Foster Wallace 

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