jueves, 22 de noviembre de 2012

tres euros por la lógica


Cuando cruzo la calle, no me suelo detener ante los vagabundos. Quiero decir que... generalmente nisiquiera me percato de que existen. Están ahí, como un elemento más de este mundo en el que yo tengo un papel secundario en mi propia vida, y cumplo un papel de figurante insignificante supuestamente garantizado para el resto de la obra, mientras que ellos solo forman parte del atrezzo. Y sin hacerlo de forma consciente cumplo con ese papel, contento del reparto, y sigo con mi camino rezándole a esa falsa ilusión que me han dejado creerme de que el guionista de mis pasos soy yo mismo.

Esto ocurre la gran mayoría de veces, insisto. Pero a veces la cabeza me juega una mala pasada y me hace atravesar no solo un mundo amenazante, sino un túnel de sentimientos de culpa y presentimientos terroríficos en los que esa cálida falsa creencia de mis propias posibilidades se vienen abajo. Y entonces entiendo que la diferencia entre un bulto que hace de figurante y un hombre bajo unos cartones que hace el papel de arbusto no es tanta, y que los escalones entre un nivel y el otro son pocos para bajar y demasiados para subir.

Ocurre que llevo dos meses viviendo en Italia y aún no he encontrado trabajo. Me sustento gracias al sacrificio de un verano trabajando para una persona despreciable en un supermercado asqueroso, más ciertas ayudas familiares que confían en que mi nueva etapa en otro país sea un intento de subir escaleras, y no una caída de espaldas al abismo. Así que me levanto, imprimo unos cuantos curriculums, y me enfrento a un momento que históricamente ha conseguido destrozarme por dentro, buscar un empleo cualquiera en el que ocupar la mayor parte de mi tiempo alienándome por conseguir pagar unos gastos básicos de supervivencia independiente que a partir de entonces se basará, básicamente, en pasar mi tiempo haciendo algo que la mayoría de gente considera toda una suerte: un trabajo donde pudrirte por dentro para poder vivir renunciando a hacer cualquier cosa que verdaderamente te interese.
Visto con esta perspectiva, la vida se convierte en una trampa mortal. Pero no sabes como salir de ella. Tienes que pensar, inevitablemente, en que te hayas cursando un mal menor temporal para poder costearte experiencias con las que, algún dia, no necesites recurrir a cualquier empleo basura que no tenga nada que ver contigo y con ese efecto secundario de sentirte una prostituta barata y sin salida.

Tarda poco en ocurrir un fenómeno que conozco bien, pero que no termino de entender: Una fuerza superior, que no puedo controlar. Un miedo irrefrenable o incomprensible que me impide entrar en ningún sitio y dejar un maldito curriculum que posiblemente no servirá de nada. Cada vez que he salido a darles el históricamente más veces reciclado papel que existe, me ha costado una media de entre hora, hora y media... atreverme a entrar en algún negocio y brindarles en plata mi alma para que la empleen por el salario mínimo. Me empiezo a acordar del estribillo de una canción de los Rodríguez:
"estoy tratando de decirte que... me desespero de esperarte. Que no salgo a buscarte porque sé... que corro el riesgo de encontrarte".
¿tengo miedo a encontrar trabajo? Si, pero quiero encontrarlo, y de echo lo acabo buscando. ¿Tengo miedo a no encontrarlo? No, pero sí a lo que eso pueda llevarme en cuestiones económicas. Todo muy obvio. También tengo miedo a ser rechazado. Y miedo a las represalias que en algún momento me haré a mí mismo por hacer cosas que en el fondo no quiero hacer. Miedo a que la estabilidad económica me anule y me haga olvidar mis grandes sueños. Miedo a no tener fuerzas de escribir aunque cuando tengo todo el tiempo del mundo para hacerlo no lo aproveche. Miedo a que todo esto no sea más que una forma muy gráfica de darme de cuenta de que soy, simplemente, una persona miedosa y vaga a la que le puede la presión, la pérdida de confianza de una infancia y juventud en la que me creí un genio, aplastada por la decadencia física y mental que me trae la edad adulta. Una persona incapaz de vivir en consecuencia con lo que supuestamente le gusta y en lo que cree.


Llevo tres euros en el bolsillo para desayunar, pero cada nuevo vagabundo que me cruzo me parte el corazón. Veo realmente cerca y factible terminar así algún dia. Hay cierto vértigo en esa decadencia que me atrae como la mierda a las moscas.Y el vértigo, como ya sabeis, no es el miedo a caer, sino el miedo a la tentación de querer caer. Me da miedo creer que en terminar así podría encontrar alguna sensación de victoria, de compensación por no haber seguido buscando un trabajo miserable en el que no quiero estar. Les doy todo el dinero que llevo encima. Me convenzo de que no es una forma de evadir la realidad. Que no es una forma de limpiar mi conciencia. Soy tan culpable como el que más de todo lo que pasa es en este mundo, no renuncio a ello. Pero me intento convencer de que el mundo será un poco más agradable si simplemente actuamos con algo de lógica. Y la lógica me dicta que, teniendo mi casa a cinco minutos, con café y tostadas y mantequilla y naranjas para hacerme un zumo, es absurdo que esos pobres vagabundos sientan un dolor punzante en el estómago por el hambre y el frío matutino mientras yo me gasto todo en una cafetería en la que, con un poco de suerte, me atreveré a dejar el curriculum.
Pero está claro que lo que finalmente estoy haciendo es asegurarme de que alguien, algún día, mediante algún equilibrio universal, me devuelva esos tres euros si me veo en una situación semejante. Y de paso, de justificar por qué no dejé el curriculum en aquella cafetería. Un riesgo menos para hoy, una incertidumbre mayor para mañana.

Lo que más me asusta de mí es lo que yo llamo "mi absoluta falta de pragmatismo y adaptación en el mundo real". Supongo que todo eso oculta otras cosas más feas que quizá hoy no me estoy atreviendo a reconocer sobre mí, y que lo más cómodo al fin y al cabo es no adaptarse. Pero podeis creerme si os digo que de corazón, detesto los rituales sociales, sus órdenes, sus dictámenes y todo aquello por lo que al final uno termina metiéndose en un blog a escribir que no soporta la idea de tener que lidiar con buscar un trabajo en el siglo 21. Voy más allá, me parece que trabajar en algo en lo que no tienes una motivación real aparte de la de ganar dinero, en estos tiempos, no solo es prostitución, sino una absoluta inmoralidad. Para ganar dinero, no solo aceptas el lavado cerebral que constituye acatar las normas y labores repetitivas y alienantes del trabajo de turno, sino que olvidas por completo que, en un mundo donde la sobreexplotación es el lema, nada de lo que haces va a dirigido a hacer nada bueno por el ser humano, sino solo por enriquecer a los que te esclavizan. Con los niveles de alimentos y bienes básicos que se fabrican, podríamos subsistir todos durante muchos años. Sin embargo la comida se sigue tirando y la gente muriendo de hambre. Trabajar para ganar dinero es, sin duda, la peor de las prostituciones. Y los que accedemos a ello, o pretendemos hacerlo... la peor de las putas.

Mientras haya gente en la más absoluta miseria, ningún otro ser humano tendrá nunca el derecho legítimo de vivir de puta madre, ya sea el más listo, guapo, trabajador, y adaptado ejemplar que se recuerde Ningún ser humano, ni el más vago e inoperante de ellos... merece vivir en la miseria en este mundo del derroche.
Si esa simple frase es una obviedad para vosotros, entonces estamos más jodidos de lo que pensaba y vivimos en el más puro cinismo hipócrita al que pueda aspirar la raza humana.

Sin embargo están aquellos que, trabajando muy duro, por lazos familiares o sentimentales... no te dejan acabar viviendo entre cartones. Invierten gran parte de su dinero y su esfuerzo en facilitarte las cosas, en compensar la falta de liquidez que conlleva tu intento suicida de buscar una alternativa, si tienes la maldita mala suerte de haber nacido con, por ejemplo, una vocación artística (sin que eso garantice que tengas talento, y sin que el talento, en caso de que lo hubiera o existiera, sirva de garantía para llegar a algo, puesto que al mundo le importa una mierda todo aquello que no genere "ganancia", que para quien no lo entienda, significa: ingresos exclusivamente económicos. Y que a su vez es una ciencia ambigua ya que supuestamente lo que la gente quiere consumir es lo mejor, pero al final lo que se consume es lo ligero, que normalmente es mierda, y entonces cuando alguien de repente hace algo bueno la gente lo compra, pero el paradigma no cambia jamás y hacer algo "ligero" se convierte en otro tipo de arte en el que queda excluida cualquier relación pura de arte y entra en juego todo lo que rodea a la palabra "estrategia" sea del ámbito que sea). Nuestra relación de dependencia hacia ellos (nuestros padres, mayormente...) y la culpa que eso genera, debe parecerse mucho a la que vi en el rostro del vagabundo que, sorprendido por mis tres euros, pareció ruborizarse un poco por haber elegido ser libre, y tener que ponerse de rodillas en el suelo, pidiéndonos piedad y auxilio por fracasar en el intento.

A la hora de la verdad, apostar por hacer las cosas a tú manera es algo que NADIE alabará si no consigues el éxito. Si pierdes todo se irá a la mierda. Nadie se parará, al verte tirando entre cartones, para decirte: "joder, siento que no lo consiguieras...  pero hiciste lo que tenía que hacer, bravo"
Luego, si ganamos, siempre habrá un discurso en el que alguien nos diga exactamente lo mismo. Pero solo ocurrirá si ganas. En este mundo no hay lugar para los perdedores. Y cuando uno tiene tan debilitado el concepto de "ganador" las cosas se vuelven muy mimbreñas, y muy peligrosas.

Lo pienso y lo repienso y os juro que no miento si digo que... no se cual de las opciones del dilema existencial me hace sentir peor.