sábado, 13 de abril de 2013

un año más cerca de ser un verdadero problema

Tengo una luz de un flexo, creando ambiente, en un salón con cocina de cierto aire bohemio en el centro histórico de una ciudad del norte de Italia. Mi chica está en la cama, mañana trabaja y debe levantarse temprano.

Yo no tengo trabajo. Yo no creo en el trabajo, pero lo busco. Ay amigo, lo sé. La vida aprieta con sus normas y sus exigencias y a mí no se me ocurre nada más importante y más romántico que mantenerme en mis trece de llevarle la contraria. Vuelvo continuamente al pensamiento que me rescata y que me encierra al mismo tiempo en el circuito de ratones de mi existencia: Trabajar, en cualquier cosa que no sirva para conocerte a ti mismo, para evolucionar como persona, para darle un sentido más rico a tu vida y a la de los demás... es, tal como está el mundo desde hace muchos años, un acto de irresponsabilidad, debilidad de convicciones, servidumbre y derrota moral y física ante el mal que destruye al ser humano.
En una sociedad monetaria, donde el dinero es el epicentro y el Dios en nombre del cual nos matamos entre nosotros, nos robamos, nos engañamos, nos peleamos, nos defraudamos, nos suicidamos, nos deprimimos, nos incendiamos, nos destruimos, nos diluimos, nos anulamos... cualquier aportación al sistema, a un sistema estúpidamente simple y mortalmente eficaz, es una venta escandalosamente a la baja de aquello a lo que llamamos alma, identidad, ser, vida, patria, humanidad, sentido.
 En un mundo en el que existen tecnologías, recursos y conocimientos para obtener una energía limpia, infinita y para todos,
comida para todos
espacio para todos
techo para todos ...

todas las empresas que conoces, todos los lugares en donde puedes trabajar, sean públicos o privados, o trabajes para ti mismo como autónomo en busca de autofinanciarte para cumplir con tu funcion de consumidor del resto de servicios para el que trabajan los otros... están al servicio de la avaricia, la desigualdad, la destrucción y el sinsentido.
Trabajar es la primera derrota, la más importante de todas. Es el momento en que aceptamos nuestro papel en la partida. Da igual que te haya tocado ser clase media-baja o hijo de millonario. No tenemos alternativa. A partir de ahí intentaremos tallar nuestros principios y seguir cierta coherencia con ellos.

Yo tengo un ordenador portatil desde el que estoy escribiendo, pero no tengo trabajo. Tengo todo lo que tienen los que tienen trabajo, pero sin trabajar. Y no es porque me haya negado. Lo busco, me motivo, le pongo ganas, salgo por la mañana, me afeito (oh, si, y me visto lo más decentemente posible) y salgo a mendigar una oportunidad, 8 o 9 horas de esclavitud diaria en una actividad alienante que sirva para mantener girando la rueda del desconcierto y mantenga las cosas tal y como están, estarán y han estado siempre.
Es cierto que no siempre he estado parado. He trabajado, incluso he ganado algún dinero haciendo lo que me gusta hacer. Pero si ahora puedo seguir jugando, a pesar de no estar cumpliendo con lo que se espera de mí, es gracias a que, básicamente, otros, gente cercana, familia, pareja... trabajan por mí. Digo más: incluso la familia de mi pareja, a veces y en última instancia, trabaja para mantenerme a mí sobre este tablero.

 ¿sabeis lo que realmente me asusta de este mundo?

 Podría hacerme policía nacional, o local, da igual. Podría hacer una oposición, estudiar duro, ponerme en forma, y entrar en algún cuerpo de seguridad del estado. Eso me daría un oficio y un sueldo a fin de mes. A cambio, quizá, tendría que coger cada mañana mi casco, mi porra, mi arma y mis esposas, o incluso un escudo, un spray pimienta o una manguera, y plantarme frente a la gente que sale a la calle desesperada para disolverlos, para atemorizarlos.
Amigo, tú, que ahora me estás leyendo decir que no creo en el trabajo y reconocer sin pudor e incluso con algo de orgullo que para seguir viviendo en este mundo me sirvo, sin ningún complejo, del trabajo de los que me rodean... usted que estará pensando ya en calificarme de sanguijuela, de chupasangre, de vividor o de caradura... usted posiblemente preferiría que yo, en la próxima manifestación, le diera unas cuantas hostias sin justificación alguna, para mantener el orden de aquellos que le roban sus derechos en detrimento de los intereses de los poderosos. Preferiría que le pisara la cabeza con mis botas militares, que lo desahuciara de su casa a la fuerza, que me montara en un caza y lanzara un misil sobre un pueblito del oriente medio para que su petroleo le costase más barato, que le llamara para engañarlo sobre las ofertas de su compañía telefónica dia y noche, que lo incordiara por la calle parándolo para hablarle de una ONG con la que poder calmar su atormentada conciencia, que le prohibiera la entrada a la piscina privada, que le pusiera una multa por aparcar en la calle porque su alcalde ha pensado que estaría bien que esas calles que han construido con su dinero pudieran ser explotadas por una empresa privada, que le metiera mierda a sus alimentos para rebajar los costes y aumentar las ganancias de la empresa, que le vendiera un medicamento que ha creado el mismo que inventó la dolencia o enfermedad, que le mienta sobre dioses y contamine su moral y la de toda la sociedad para las mayores y más despiadadas empresas de la historia (si, las religiones), que construyera sus aparatos electrónicos a conciencia para que se estropeen en un maximo de dos años y tenga que volver a comprarlos, que enseñe a sus hijos a no pensar y a ser una buena oveja más, que me lleve miles de millones de euros a cambio de darle la alegría semanal de marcar un par de goles, de declalarlo a usted culpable o inocente a raíz de unas leyes que han dictado unos señores en base a aquello que les conviene, o que haga yo mismo esas leyes en base a lo que me conviene a mí...

Amigo, este es el verdadero drama, el verdadero problema.
Cualquiera de estas o de las innumerables otras posibilidades que me dejo atrás lo harían a usted, desconocido casual de este blog, o a usted, amigo, o a usted, familiar, padre, madre... mucho más feliz y más orgulloso de mi existencia y su relación o parentesco con ella. Porque en este mundo, parece que lo peor que nos puede pasar es que alguien cercano forme parte de ese pequeño grupo de gente que tiene claro lo contrario, y declara abiertamente que cualquier trabajo al que uno se someta, que no sea fruto de la vocación y del motor natural de la vida, es una esclavitud voluntaria para el mayor tirano de toda la historia de la humanidad:
la sociedad capitalista de nuestros dias.

Tengo también unos cascos por los que escucho la música de mi mp3. Suena Rosendo diciendo "veo veo, mamoneo...", tengo tabaco y adicciones puramente burguesas y estúpidas.

Y también tengo 27 años.
Los cumplo justamente hoy.
Pero no es esa la razón de que escriba de nuevo por aquí, despues de tanto tiempo.

Antes hice un amago de entrada en el que escribí no estoy en una etapa en la que se me antoje necesario utilizar este método de exhibicionismo sentimental y linguístico que es el blog, y que hoy quería hacer una excepción. La entrada anterior, podeis creedme, era un intento de hablar de todo lo contrario de lo que he hablado.
El 98% de mis palabras en este blog, en ese tiempo en el que acudir aquí era una preciosa rutina introspectiva, hablé siempre del otro lado de la moneda. De otro tipos de problemas. Este era un blog metafísico, en el que la política y la sociedad no estaban invitados.
Intenté hacer una entrada al estilo del blog, el que pensaba que era "mi estilo", pero no fui capaz de enlazar dos frases. Volví al bloqueo que me impide aparecer por aquí desde hace mucho tiempo. Y así he comprendido que... no escribo hoy porque sea mi cumpleaños.
Aprovecho que es mi cumpleaños, que hoy la sociedad me pide que celebre una existencia traidora, amoral y sin sentido, para deciros y decirme que aunque soy débil, aunque soy dependiente, aunque soy un pobre diablo que poco o nada puede hacer por salirse de este laberinto... jamás olvidaré la trampa.

Jamás olvidaré esta trampa.

Y acudiré a este cálido y esperanzador pensamiento antisistema cada vez que pueda. Escuchadme, leedme bien: Esto no es fácil, y mañana, la mañana de mi cumpleaños, volveré a salir en busca de trabajo y de autonomía económica, que es la más falsa de las autonomías. Pero quiero que sepais que será una medida temporal, un modo de apaciguaros, una estrategia... y que voy a intentar vivir de vosotros todo el tiempo que me sea posible para poder seguir haciendo lo que hago, nada más y nada menos que vivir y conocerme un poco a mí mismo, conoceros también a vosotros, tener suficiente vitalidad para interesarme por quien cojones sois, qué quereis, y en que modo puedo ayudaros. Seguiré utilizando toda aquella disciplina artística con la que, torpemente, alcance a servirme de alguna ayuda, a ser yo mismo una mano con la que sacar alguna que otra cosa del pozo sellado de mi identidad. Quién sabe si algun dia, paradójicamente, alguien decida pagarme por lo que hago, que es la triste linea que separa y define mi actividad como un oficio o como un tocamiento sistemático de cojones para dedicarme a mis pajas mentales renunciando a esa puta mierda patética a la que vosotros llamais realidad.

Os digo una cosa, si no haceis que me enorgullezca de vosotros, en todos estos sentidos, os prometo que haré lo posible para que tampoco vosotros esteis orgullosos de mí, nunca.
Os amenazo/
Os lo prometo.

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