domingo, 30 de junio de 2013

recapitulaciones tranquilizadoras en tono científico a mí mismo

Llevo toda la vida recibiendo acusaciones de ser una persona soberbia y arrogante.
Quizás alguien que lea esto haya vivido algo parecido. A continuación me gustaría hacerle una pequeña guía de como funciona, en mi opinión (luego explicaré porque es imprescindible protegerse de ciertas frases hechas obvias como esta) y como puedes comportarte según la posibilidad más acorde a como te gustaría posicionarte en estas cuestiones.

Omitiré, al menos por el dia de hoy, toda aquella posibilidad referida a lo directamente verbal, todo lo referido a lo que transcurre con cierta proximidad física. Esto incluye todo dialogo que se da en persona, conversación por videoconferencia o situación en la que la voz y sus inflexiones, los gestos, los tonos, los infinitos y variables contextos ambientales... hacen que o bien no haya nada que discutir, o bien que todo sea precisamente muchisimo más complicado de concretar hasta el punto de poder llegar a ese maldito punto relativista del "es tu opinión contra la mía". O del infravalorado e injustamente ridiculizado recurso infantil del: "soberbio yo? para soberbio...tú" (y digo esto porque, efectivamente, quizá no haya cosa más soberbia que calificar de soberbio al otro. Aunque esto ya es entrar en las fascinantes paradojas del lenguaje).

Vayamos pues a los intercambios por escrito. Esas conversaciones que se dan, sobre todo, via internet, ya sea en los chats de facebook o cualquier otra plataforma (sobre todo en los hilos de comentarios en publicaciones de los muros) como en servicios de mensajería como whatsapp o los mensajes de toda la vida.

Podemos empezar por la acusación en sí:
Eres un soberbio.
Eres un arrogante.
Eres un orgulloso.
Eres un pedante.

Cuidado porque estas frases en sí mismas ya son una trampa mortal. Para empezar tenemos que tomar la primera determinación, para la cual hay dos opciones:
1.No contestar
Sin duda esta es la más popular. Y creo que es la más popular por cierta fobia instalada entre la gente a los cruces de acusaciones. Estamos demasiado acostumbrados a ver como, socialmente, entre nuestros amigos o conocidos, siempre que hay una disputa la mayoría de la gente que lo presencia evita tajantemente posicionarse o escuchar siquiera los argumentos de cada uno y rebajan el nivel de los dos implicados al punto más bajo que haya llegado a alcanzar cualquiera de ellos. Por lo tanto más de uno pensará que lo más inteligente ante una de estas frases aplastantes en su contra, lo más inteligente de cara a como te juzgarán los demás, será permanecer impasible y no ponerse a la altura del que la lanza. Y puede que sí.
Sin embargo no es tan matemático y existen muchos matices. Desde el archiconocido "el que calla otorga" hasta cualquier tipo de interpretacion contraria que puedan hacer los demás sobre tu silencio. De igual modo supongo que esto tiene mucho que ver con la personalidad de cada uno.
Yo, por ejemplo, aunque a veces me posiciono en esta opción sin dudarlo, veo un añadido peligroso a esta postura y es que, entendiendo las discusiones como un medio, quizá incómodo pero efectivo para llevar a cabo la comunicación y poder empatizar mejor con la otra postura o por la simple aclaración de confusiones o malinterpretaciones... es posible que al tomar la determinación de no contestar estés negando la posibilidad de que esa comunicación llegue a buen puerto, dejándola en un punto crítico y siendo además, paradójicamente, más arrogante si cabe al dar por sentado que no te interesa y que nisiquiera consideras la opinión (puede que insultante, pero opinión al fin y al cabo) que el otro tiene de ti.
2. Contestar
Sin duda mucho más complejo. Yo confieso que normalmente no puedo evitarlo. Para empezar debes saber que si contestas, sea lo que sea, a la primera acusación de soberbia o de arrogancia la van a acompañar las del orgullo y la vanidad. Al menos te lo van a dejar caer. O lo van a pensar.
Y esta es una de las cosas más interesantes de esta trampa que supone que te acusen de algo tan supuestamente feo como la arrogancia o la soberbia, y es que si osas defenderte, se pone en marcha un mecanismo social inexplicable para mí, algo como aprehendido inconscientemente, que se ha ido repitiendo como mecanismo de ataque automático durante siglos, y que hará que quedes inevitablemente a los ojos de los demás como un orgulloso incapaz de aceptar tal deshonra. Si aún así crees que estás en tu derecho (y de echo lo estás) de argumentar por qué te parece injusto que te acusen de algo como eso, o de simplemente mostrar tu indignación al modo en qué lo hacen (casi siempre carentes de cualquier tipo de elegancia, de forma pública en la que todos puedan verte entre las cuerdas en esa encerrona tan zafia de la humillación social) tendrás otras cuantas opciones, que yo resumo en estas:
A) Dar la razón:
Aquí no olvides una cosa, si lo que quieres es ser irónico, no funcionará. La linea que separa el tono irónico del tono veraz no te pertenece a ti. Con esta fórmula se pueden dar muchísimos equívocos: - Que no seas irónico, les des la razón del modo más seco o conciso posible y ellos entiendan eso como una ironía inequívoca (y tengamos en cuenta que la ironía y el sarcasmo son dos rasgos fundamentales del cinismo, y que añadir cinismo a una acusación de soberbia o arrogancia es casi una confirmación por tu parte, pero no una confirmación humilde y simple como tú querías, sino una confirmación oculta, arrogante y soberbia, como quieren ellos para su regocijo); - Que seas pretendidamente irónico (y recordemos, todo depende del sentido de la ironía del receptor, no del tuyo, y más que de su sentido de la ironía, de sus prejuicios sobre ti o de sus estados de ánimo, por lo que las palabras que escribas serán pura dinamita a merced de como las quieran interpretar los demás, y sujetas también a las imprecisas y mezcladas connotaciones que da el contexto de lo que hayas podido decir antes); - que seas inequívocamente irónico (Para esto, por medio escrito, solo hay una forma, convertir la ironía en sarcasmo. Con ello puedes conseguir que te dejen en paz, pero desde luego alimentarás el ego del que te haya llamado arrogante o soberbio y harás que todo el que pueda acceder a la conversación, que quizá a priori tiene un buen concepto sobre ti, se lo pueda llegar a replantear. Está muy bien para aquel que, en un momento de lucidez, pase tres cojones de todo aquello que puedan pensar los demás sobre él. Pero si estás en un ataque de misantropía galopante, de odio a tus círculos o de liberación de las estúpidas presiones sociales... también te importará tres cojones ser un pedante, un arrogante o un soberbio. Es más, lo proclamarás con orgullo y hasta lo moverás al aire como una bandera. Solo puedo decir... bien por ti, ole tus cojones. Pero no olvides que esos geniales momentos de Deliriums tremens se acaban pasando, y la gente y sus conceptos sobre ti te volverán a importar por mucho que dicho así, joda aceptarlo y sea triste. Por eso gran parte de los genios de nuestro mundo han sido, inequivocamente, unos hijosdeputa soberbios y arrogantes de postín) (Postdata, si insistes en este punto asegúrate de ser un genio antes. Y si no eres un genio y aún así te mantienes aquí sin ceder jamás a lo que piensen de ti los demás... entonces o bien serás un genio de verdad o posiblemente un gran hijo de la gran puta, arrogante soberbio con la sensibilidad en el culo y sin empatía, en cuyo caso... bravo al que tuvo valor de decírtelo).
B) Llevar la contraria:
Si te ves con ánimo y con fuerza, esta es una buena opción para poner a prueba tanto tu capacidad de expresión y de instrospección, como tu retórica, tu honestidad y tu argumentación. Al argumentar uno tiene que enfrentarse a sus demonios por fuerza. Tiene que intentar empatizar con los motivos que llevan al otro a acusarle de algo como eso y tiene que hacerse preguntas a sí mismo y recapacitar sobre sus propias conductas. Obviamente en este apartado también cabría el subpunto de simplemente defenderse atacando, despotricando, pataleando... o simplemente argumentando en base a lo que uno piensa que puede dejarlo en buen lugar sin pararse a pensar ni un segundo en si todo eso se basa en algo real o es solo palabrería para salir del paso. Si omito esta opción o no profudizo más en ella es porque está claro que si se da ese caso, es que efectivamente estamos ante una persona cuya falta de honestidad o de conocimiento propio posiblemente hace de ella un soberbio o arrogante potencial.
No debemos olvidar que, como parte de la argumentacion que podemos dar a alguien que nos considera un idiota soberbio, se encuentra el echo de puntualizar que todos en algún momento de nuestra vida, por motivos muy humanos y hasta saludables, somos presas la ira, la soberbia y la arrogancia, a veces hasta involuntaria, y que posiblemente estas acusaciones suelen nacer de una mala interpretación del tono (que no suele estar muy definido en este tipo de escritos, y que suelen provenir del estado de ánimo del que nos lee). Sea como sea conviene tener presente que, siendo humanos y débiles como el que nos acusa, no es del todo justo que en un momento de debilidad se nos acuse públicamente de un modo tan rastrero de algo tan grave que además suele hacerse de un modo muy general (es decir, pocas veces nos dicen: "Julio, te has puesto un poco soberbio con ese comentario", sino que más bien nos dicen, a modo general y mucho más dañino: "Julio, eres un soberbio y un arrogante". Y eso significa que lo eres, lo has sido siempre y posiblemente lo serás, y cualquiera podrá reciclarlo de aquí en adelante y argumentar que no es el único que lo piensa).
C) Practicar el equilibrimo:
Esta es una opción... como lo diría, no lo sé. A mí me repugna por su significado. Implica una total deshonestidad en pos de la adaptación y la supervivencia. Como sentido... tenerlo lo tiene. Y soy consciente de que nuestra debilidad nos empujará a ella en más de una ocasión. La cuestión es que si quieres de algún modo sugerir cierta modestia sin terminar de resignarte a aceptar algo que no crees justo, puedes poner a prueba tus capacidades sobre la cuerda floja. Para esto es importante estar bien dotado de las expresiones populares imprescindibles para apaciguar cualquier ataque y refugiarte en la ambiguedad y en tu propia inseguridad. Expresiones como: "en mi opinión", "creo", "no lo sé, pero...", "quizá me equivoque", etc... serán de elevada importancia para abrir una vía a la asunción de estar equivocado, y poder ser absuelto al haber rectificado o luchado por demostrar tu inocencia en los términos quasi burocráticos formales, imprescindibles para eliminar de tu discurso cualquier expresión que, créeme, los demás estarán buscando entre tus palabras para poder usarla contra ti como arma arrojadiza.
(nota mental: si te rindes por completo a esta opción, de perdidos al río... también puedes irte a una de las expresiones que, páradojicamente, mejor funcionan, siendo de las más asquerosas, repugnantes y falsas que se pueden articular en un discurso: "honestamente", "modestamente", "humildemente". A los "auténticos" que te enfrentan les encantará).

Sin embargo no quiero obviar que el motivo principal por el que se vierten este tipo de acusaciones no es debido a un momento puntual de soberbia detectado en nuestra actitud, de un cierto desdén hacia la arrogancia, o de una malinterpretación... sino que las personas que nos dicen esto quieren, deliberadamente, humillarnos públicamente y hacernos daño. Posiblemente no de un modo generalizado, como hacen ellos llamandote Arrogante en vez de puntualizar que lo arrogante es tu comentario y no tú, sino puntual y fruto de la frustración o de la ira que hayas podido generar en ellos al decir algo que no les gusta, que les atañe por cualquier motivo o que hiere su sensibilidad. Los seres humanos, por mucho que nos cueste aceptarlo, tendemos a la comodidad y no hay mayor comodidad que el pensamiento único y la seguridad del grupo. Cualquier comportamiento de rebeldía ante un pensamiento o postura mayoritaria es en sí mismo un ataque indirecto a todos los que, por omisión, despiste o convicciones, no piensan lo mismo que tú.
Las posturas oficiales hacen que muchos seamos firmes candidatos a ser considerados constantemente arrogantes y soberbios sin ser ni unos genios, ni unos arrogantes, ni unos soberbios, ni unos hijosdeputa.

Entre las connotaciones del término soberbia, me gustaría recordar que ciertas corrientes filosóficas no la consideran del todo algo negativo. El orgullo es una de las tres virtudes principales de la filosofía objetivista que se define como estima apropiada de uno mismo que proviene de la ambición moral de vivir en plena consistencia con valores personales racionales. Para Nietzche, en el camino hacia la honestidad absoluta, que hace imposible cualquier trampa o acto deshonesto, y que conlleva una enorme valentía y ánimo de superación, es imprescindible la soberbia, a la que califica de "virtud elevada".
Por otro lado la arrogancia, según ciertas corrienes de la psicología, es producto de una autocompensación que ocurre en el ego por tener una imagen de uno mismo demasiado dañada. Al fin y al cabo a nadie le importan las causas de nada, pero la postura oficial siempre será hipócrita y dirá que a todos nos preocupa por igual el padecer y los problemas de la gente. Detrás de cada persona verdaderamente arrogante o soberbia se intuyen ciertos problemas personales sobre los que ninguno de los "auténticos" se atrevería a indagar. Son estos "auténticos" posiblemente los que, después de vanagloriarse en discursos sobre tolerancia y de poner en la parrilla toda su más sentida sensibilidad sobre estos problemas que sufre la gente, llamarían arrogante tanto al que padece, como al que simplemente comete la osadía de intentar quitarles la careta y dejar sus incoherencias al descubierto.

Es difícil fiarse de aquel que nunca está expuesto a estas tildaciones ya que la vida está llena de momentos en las que, por fuerza, uno debe, por ejemplo, caer en la soberbia,ya sea por relajación, exceso de confianza relativo a pensar que la gente entenderá el tono de tus palabras, exceso de inocencia relativo a pensar que ninguno de los tuyos o de los que conoces tendrá la mala leche de hacer leña de tus momentos de caída, o por simple inercia o error.
Acuérdate también que, según la versión oficial (y pregúntale si no a cualquiera de los "auténticos"), la filosofía del ensayo y error es la verdadera forma de aprender y evolucionar.

Coincidir con el pensamiento único y con las posturas oficiales y/o mayoritarias que caen bien a todos, es una suerte que no todos hemos corrido, y aún así hay quienes han sabido adaptarse. Sin embargo no podemos olvidar que la falsa humildad es sin duda una de las mayores demostraciones de orgullo y arrogancia que existen, el modo en que alguien renuncia a dejarse llevar por sus propias ideas e instintos solo por pertencer a algo y ser aceptado, a costa normalmente de acusar y diferenciarse de los que si han tenido el valor alguna vez de no mostrarse de acuerdo. Son muchas veces estos, los falsos humildes, los precursores del buen rollismo, la modestia, la sencillez y la candidez pacifista y fraternal, los más sucios arrogantes y peligrosos hijosdeputa sobre la faz de la tierra. Cuidado con ellos.